¡En quiénes confiamos!

En Gran Bretaña, entre los meses de diciembre y marzo, ambos incluidos, se suelen producir alrededor de 40.000 muertes más que en los otros dos cuatrimestres del año. Se trata de un precio que hay pagar por los inviernos. Un coste netamente superior al que se paga en otros países europeos, bastante más fríos durante el invierno, como es el caso de los países que integran la Península Escandinava: Suecia y Noruega. Esto ocurre, a pesar del hecho que Gran Bretaña suele tener también inviernos que discurren relativamente suaves. ¿Cuál es la razón de tan elevada mortandad invernal, entonces?

Parte de la explicación puede encontrarse en el parque de viviendas tan tremendamente envejecido que se conoce en Gran Bretaña, y que, en general, proporciona una menor protección contra el frío que el resto de los hogares británicos, de construcción más reciente y que cuentan con mejores materiales aislantes. Otra explicación se basa en la creciente pobreza en energía —‘energy poverty’ — que, con el crecimiento de las desigualdades sociales, el envejecimiento de la población y el encarecimiento progresivo de los precios de la energía se muestra, cada vez más, como una preocupante lacra social derivada del desequilibrado desarrollo actual.

Las personas mayores, la inmensa mayoría de la gente que vive sólo de sus escasas pensiones, suelen ser las que menos recursos cuentan para pasar el invierno. Muchas veces tienen que optar entre comprar alimentos o comprar combustible para calentar la vivienda. Se trata de un dilema en el que pierden todas las opciones porque, al final, la que se deteriora es la salud y las defensas del cuerpo quienes, finalmente pagan la factura y muchas veces lo hacen con la propia vida. Los británicos, por suerte, ya han tomado medidas para evitar estas desgracias, aquí seguimos con el dicho de que todo marcha bien y el que no se muera que arree.

Por otra parte, en términos ambientales, la vivienda en el Reino Unido contribuye con el 27% a las emisiones totales de CO2. Son emisiones que están directamente relacionadas con el consumo de energía. Para el año 2010, las previsiones apuntan a que el consumo doméstico de energía aumentará algo más del 6%. Por lo tanto, es obligatorio reducir los consumos de energía del sector residencial, tanto en las nuevas viviendas que se construyan como en las viviendas ya existentes. Sólo será de este modo como podremos reducir también las emisiones de CO2, si es que queremos mitigar algunos de los peores efectos del cambio climático.

Otro dato más, cerca del 70% de la madera que se consume en el Reino Unido se destina a la construcción y, de ella, un alto porcentaje se utiliza para la construcción de viviendas. Naturalmente, gran parte de este consumo proviene de la importación de maderas que se extraen de bosques que se talan, sin apenas consideración, en los países en vías de desarrollo, donde la explotación de la tierra, los recursos y las personas son actividades casi impunes. Si queremos frenar estos consumos irresponsables que tanto atentan al calentamiento global, debería forzarse al sector de la construcción a que consumiera sólo madera procedente de fuentes debidamente gestionadas y certificadas en base a criterios de sostenibilidad.

Hasta ahora, ha sido más rentable para las empresas madereras trabajar de manera no-sostenible. Debido al lobby que representan, sigue siendo difícil y costoso para los gobiernos forzarlas a utilizar prácticas sostenibles. Además, los bosques naturales crecen lentamente, los precios de la madera suben apenas un poco más que la tasa de inflación y, en la mayoría de los países del trópico, donde abundan los bosques naturales, las altas tasas de interés son un poderoso desaliento para las inversiones a largo plazo. Así pues, si no se les anima con multas e impuestos que les hagan ‘recapacitar’, muchas empresas que cuentan con una excesiva y egoísta visión cortoplacista.

Nunca verán el sentido económico de invertir a largo plazo en actividades forestales. Sin embargo, aunque por ahora sean pocas las empresas madereras, algunas ya han comenzado a ver que el aprovechamiento de la madera con bajo impacto ambiental puede mejorar las ganancias de las empresas, ya que una planificación más cuidadosa de los senderos madereros, el uso de tala direccionada y la siembra posterior de árboles para su reposición pueden ayudar a mejorar significativamente la eficiencia de la explotación. Es a este tipo de empresas, a las que hay que ayudar e impulsar cuanto antes. Al resto de las empresas madereras, la política del ‘palo’ es lo único que les hará entrar en razón. Frente a la codicia ciega que las vuelve irresponsables no existe otra alternativa.

Todos los años perdemos más de 15 millones de hectáreas de bosque natural, a un ritmo de 30 hectáreas cada minuto. Se trata de un problema que necesita repuestas, a nivel mundial. En nuestro caso, tanto en el consumo de madera como en el de energía, tenemos mucho por hacer. Lo mismo podríamos decir sobre la excesiva explotación de canteras, debido a que no reciclamos, ni reutilizamos materiales de construcción que podrían ser aprovechados en base a las técnicas de deconstrucción. Lo mismo podríamos decir con respecto al consumo irresponsable del agua que realizamos. Debido a que no contamos con redes separativas para el suministro de agua potable y de aguas grises — no potable pero susceptibles de otros usos — seguimos utilizando el agua potable para usos que no requieren potabilidad como son aquellos relacionados con el lavado de ropa o con los usos sanitarios del W.C.

En suma, es obvio que las viviendas necesitan nuevos desarrollos — a través de la rehabilitación y de la nueva construcción — que garanticen una alternativa que sea más sostenible. En especial tomando en cuenta que nos amenazan, a corto plazo, unos precios disparados de los combustibles fósiles, a 450 dólares/barril de crudo. Los británicos se dieron cuenta pronto de que se tenían que preparar cuanto antes para lo que viene y, por suerte, ya cuentan con un excelente ejemplo. Se trata de la Iniciativa de WWF ‘Beddington Zero (fossil) Energy Development‘, (BedZED), y que tan exitosamente se ha desarrollado en Surrey, (Reino Unido).

Gracias a esta iniciativa, se ha demostrado que los hogares y oficinas del tipo BedZED son altamente eficientes en energía y agua. Son viviendas y/o apartamentos que reducen la necesidad de calefacción por volumen en un 90% —las medidas de aislamiento son excelentes— y, a su vez, disminuyen los consumos de agua en un 56%. Además, están diseñados para consumir energía sólo a partir de las fuentes renovables. De igual modo, la iluminación y el consumo de electrodomésticos es altamente eficiente, de modo que una vivienda de 90 m2 llega a tener unos consumos mínimos de electricidad —reducción del 54%. Otra innovación se debe a que estas viviendas son una combinación mezcla de propiedad social y compartida. La venta de viviendas se realiza sin que intervenga la especulación —existe un control muy riguroso— y a precios muy económicos, en comparación con los precios medios, a nivel local.

La mayoría de los materiales utilizados para la construcción de viviendas del tipo BedZED, provienen de fuentes locales y son materiales reciclados o con certificados de buena gestión sostenible. Los residentes tienen también acceso a sistemas colectivos de transporte e, incluso, pueden demandar entregas a domicilio de comida hecha a base de alimentos que, mayoritariamente, se producen a nivel local. Finalmente, señalaré que, a pesar de que se trata de un desarrollo urbanístico de alta densidad, todos los residentes tienen acceso a la utilización de terrenos para su usufructo como huertas, jardines e invernaderos.

¿Para cuándo conoceremos nosotros un desarrollo parecido? Por ahora, tanto a los ayuntamientos como a los gobiernos autónomos, a los que les he contado esta exitosa experiencia, he de confesar que, a la inmensa mayoría de ellos, todo esto les ha importado un bledo. Mejor dicho, no han dicho ni que sí, ni que no, pero, siguen haciendo más de lo mismo. Pareciera como si nuestros políticos locales sufrieran de apatía ante las necesidades de futuro. De verdad, ¿Es posible peor suerte que la nuestra para nuestro futuro?

Tantos problemas como se avecinan y, todavía, nuestros dirigentes se muestran incapaces de reaccionar. ¿Y éstas son las personas en las que usted confía su destino y su suerte? ¡Váyase cuanto antes de ese pueblo donde vive y críe sus hijos en otra parte! Hágame caso, ahora que aún está a tiempo, y resida en poblaciones —que las hay— donde sus alcaldes preparan el futuro con responsabilidad, en lugar de sentarse sólo en la poltrona.

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