Innovar para construir de otro modo

Una vez, un importante y conocido empresario de la construcción nos confesó a un grupo de personas —que el azar quiso que nos sentáramos alrededor de la misma mesa redonda— que él había experimentado el paso de crisálida a mariposa. Lo hizo mientras esperábamos a que nos sirvieran los postres en la boda de la hija de un gran amigo y que, gentilmente, había invitado a mi familia. El constructor lo dijo en voz alta, y con un tono tan especial, que muchos pensamos que nos iba a confesar, habida cuenta del tono que eligió, que, por fin, había logrado salir del armario. La sorpresa, al menos para mí, fue cuando aclaró que él, una noche se había acostado siendo albañil y, al día siguiente, amaneció siendo empresario de la construcción.

Han pasado varios años desde entonces, pero su recuerdo sigue siendo imborrable y me viene ahora, de nuevo, cuando estoy leyendo un informe de diagnosis sobre el sector de la construcción que recientemente ha elaborado el Colegio de Ingenieros Industriales de Catalunya. Las frases que destila el informe son como saetas envenenadas pero muy ciertas y, sobre todo, certeras pues, generalmente, pegan en el centro de la diana. Así, se afirma que la construcción es uno de los sectores que menos innova. Todavía es un proceso muy artesanal. Los fabricantes de materiales, ya que están industrializados, sí que innovan. Los constructores, no. Además, la mano de obra que emplea la construcción no tiene cualificación suficiente como para saber utilizar o colocar los nuevos materiales y productos que se fabrican.

Las mejoras de producción no se consiguen por innovación, sino por mejoras de organización empresarial. Con la especulación tan fuerte que se ha producido en el sector, el peso del “coste de la construcción” en lo que representa el precio del producto final ha ido siendo cada vez menor y, actualmente, representa el 20% o el 30% del coste total. Este hecho es una razón importante que nos subraya el tan poco interés que manifiesta el sector de la construcción por innovar. La nueva mano de obra suele ser de origen inmigrante, recién llegada y menos experimentada; lo que tampoco ayuda a buscar procesos industrializados de mayor cualificación.

La construcción no ha aprovechado el incremento de los precios para mejorar tecnológicamente el producto. No se han aprovechado tampoco el encarecimiento del precio de la vivienda para dotarlas de mayores prestaciones, calidad y confort. Sólo se ha potenciado la especulación. Las mejoras tecnológicas y el cumplimiento de las exigencias debidas al código técnico de edificación, CTE — contrariamente a lo que algunos interesados sostienen — no implican, necesariamente, que la construcción haya de salir más cara. Más bien sería todo lo contrario.

En efecto, cómo bien ha demostrado la utilización de productos industriales para la construcción — que aportan mayores niveles en el cumplimiento de exigencias y una mayor seguridad y calidad final — no han representado incrementos de precios, sino que, en una mayor medida, han representado una reducción y un mejor producto para el usuario. En cambio, en la construcción se está utilizando esta primera premisa como una excusa más para aumentar el precio final. Sobre este punto diré que coincido con el informe cuando afirma que es la “no-calidad” lo que hace todo más caro.

Debido a que no existen criterios de control “global” para revisar, periódicamente, el estado y funcionamiento de los edificios y viviendas, se plantea establecer un tipo de control de mantenimiento como, por ejemplo, podría ser la “ITV del edificio” en el sector de la construcción, tal y como del mismo modo que lo tienen que garantizar los coches. Así, la “etiqueta verde” sería para aquellos edificios que tuvieran criterios de sostenibilidad; el “carné vivienda” sería para controlar la aplicación real del confort hecha por el constructor; y la “guía del comprador” sería para reflejar los costes recurrentes de la vivienda y su mantenimiento.

De manera audaz, y con un afinado y acertado criterio, el informe también plantea huir del estereotipo tradicional, que dice que es el arquitecto quien planifica el crecimiento la edificación. Este propósito pretende lograr que los trabajos de construcción los desarrollen equipos multidisciplinares formados por técnicos especialistas en diferentes áreas: planeamiento urbanístico, ordenación territorial, infraestructuras, servicios, estructuras, instalaciones, materiales, sostenibilidad, y todo aquello que rodea al mundo de la construcción.

En materia de urbanismo e infraestructuras, plantea aplicar criterios de sostenibilidad ambiental en el área urbanística, así como planificar áreas industriales con vocación plurimunicipal y ordenar y vertebrar el territorio, en lugar de ocupar y colonizar. La introducción de mecanismos adecuados de evaluación y control del proceso de planificación imponen la mezcla de usos compatibles, como alternativa a los asentamientos monofuncionales y de baja densidad característicos del crecimiento actual. También se insiste sobre la necesidad de incorporar y tener en cuenta, en las operaciones, los costes externos que genera la construcción: transporte público, mantenimiento, etc. A su vez, se considera imprescindible disponer de infraestructuras adecuadas a la realidad actual y al potencial crecimiento, minimizar el impacto ambiental priorizando las energías renovables y las tecnologías de máxima eficiencia energética y que sean menos contaminantes. También destacan los objetivos de armonizar la ejecución del conjunto de los servicios sobre el territorio, y que programan una sola obra en la cual se introducen todos los servicios, para no actuar separadamente en cada uno de ellos y para ampliar el despliegue de la fibra óptica y de las redes de radiocomunicación.

En estructuras, se debe potenciar la I+D+i para innovar e introducir modificaciones en el diseño de la estructura y fomentar su industrialización. A su vez, las instalaciones deberían potenciar la eficiencia energética de los edificios, y la aplicación sistemática de nuevas tecnologías, en especial, las relacionadas con la información, la comunicación y el control, y el mantenimiento preventivo. Tiene también gran importancia concebir las instalaciones desde el punto de vista del análisis de su ciclo de vida, exigir una alta calidad del aire interior en los edificios, obtener el grado de aislamiento acústico que pide el usuario y lograr el nivel de confort deseado.

También se trataría de aprovechar los nuevos materiales para impulsar la “Edificación sostenible” que incorpore la “construcción bioclimática”, aprovechando, a su vez, materiales reciclados, no tóxicos, provenientes de la deconstrucción. Atendiendo al futuro, el nuevo paradigma de la construcción ha de saber aprovechar la perspectiva bifocal derivada tanto de la innovación tecnológica, la cual nos facilita el ahorro y la eficiencia energética, como la innovación “naturista” que aprende de la naturaleza, en base al método de diseño, “cradle-to-cradle” y a la economía circular. La construcción tiene mucho futuro si se inscribe en clave de sostenibilidad. Mientras tanto, sólo podemos concluir que se trata de un producto poco eficiente y, paradójicamente ha sido muy rentable para los promotores hasta ahora. Innovar también significa acabar con la especulación. Si queremos que la innovación represente un lema en nuestras vidas, no se puede seguir premiando con grandes beneficios a las actividades que menos innovan como son la construcción y el sector de las finanzas. Son un mal ejemplo que animan a la inacción, cuando no al declive.

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