El ejemplo de Estocolmo

Todas las grandes ciudades de nuestro entorno, diariamente, sufren tremendos problemas de congestión de tráfico, sobre todo durante las horas punta. A su vez, también son muchos los días al año que, debido a un accidente o a la celebración de un multitudinario acontecimiento o espectáculo cultural o deportivo, las carreteras de acceso y los centros de las ciudades se encuentran totalmente colapsados por el tráfico. Nosotros todavía seguimos soportando los problemas que acarrean los atascos de tráfico y que van ‘in crescendo’, cada día que pasa. Sin embargo, hay ciudades que están demostrando que existen soluciones al problema que genera el creciente y abusivo tráfico de coches y camiones.

Felizmente, aunque no sean las nuestras, observamos que existen ciudades responsables, comprometidas con sus ciudadanos —con los de hoy y con los que vendrán después— y que colocan al desarrollo sostenible en el centro de sus estrategias municipales. Ahorro de energía, calidad ambiental y lucha contra el cambio climático son objetivos importantes que, poco a poco, con su desarrollo, van compensando el creciente deterioro que experimentan las ciudades en las que vivimos. Para nosotros, este hecho es algo que sufrimos cada vez más. Pero existen otras ciudades, que no se resignan a sufrir el futuro, sino más bien todo lo contrario, que destinan sus esfuerzos actuales a prepararse para la nueva era emergente, de la manera más conveniente.

Son ciudades que tienen visión de futuro y que han interiorizado que nuestro actual modelo socioeconómico se está agotando. Éste es el ejemplo de Estocolmo. No hace muchos años, la situación del tráfico rodado en la capital sueca, al igual que como ocurre en muchas ciudades europeas, comenzó a ser cada vez más ineficaz. Durante las horas punta, los embotellamientos en las carreteras de acceso y en diversas bocacalles del centro de la ciudad se habían convertido en una enfermedad viaria crónica. Llegó un momento, como ya hace tiempo sucede en muchas ciudades de las nuestras, que la situación se volvió insostenible. Por ello, los representantes políticos de Estocolmo decidieron tomar medidas que, de una vez para siempre, atajaran el problema de la congestión del tráfico rodado.

El Ayuntamiento de Estocolmo sabía que la solución exigiría tomar medidas radicales que, en principio, corrían el riesgo de llegar a ser impopulares. Es cierto que el Ayuntamiento pudo haberse inhibido, dejando el problema del tráfico agravado para la siguiente legislatura pero no lo hizo. Prefirió adelantar los pasos para que la formación de la siguiente legislatura tuviera resuelto el problema de la aplicación legal de la “Congestion Tax”.

Así, el alcalde y los concejales de entonces fueron totalmente responsables y apostaron por establecer un sistema de multas que se aplicarían, al igual que se había hecho con éxito en Londres, a todos aquellos vehículos que quedaran atrapados en las congestiones de tráfico que diariamente se producían en la ciudad de Estocolmo. Durante un tiempo determinado de antemano, se realizaría una prueba, a gran escala, con el fin de evaluar si las multas por congestión servirían para aliviar el flujo del tráfico, reduciendo las emisiones de gases y mejorando, así, el medio ambiente urbano.

De este modo, se quería chequear también si además de reducir los niveles de tráfico en las carreteras más frecuentadas durante las horas punta, reduciendo la congestión y aumentando la accesibilidad, se lograba aumentar el uso de vehículos limpios, incrementar los niveles de uso del transporte público, reducir las emisiones de CO2, NOX y partículas en suspensión, así como los niveles de ruido, ahorrar energía y, finalmente, posibilitar que el centro de la ciudad recuperara su capacidad de atracción.

De no hacer nada, las previsiones de tráfico eran bastante negativas. En efecto, preveían un aumento de las personas que viajan en coche y una disminución de las personas que utilizan el transporte público, caminan a pie o andan en bicicleta lo que amenazaba con un escenario tendencial, “business as usual”, donde lo más probable era que aumentaran significativamente los niveles de congestión. Por otra parte, se sabía que la reducción de la congestión de tráfico y la mejora de las condiciones ambientales eran condiciones necesarias para poder salvaguardar el patrimonio cultural, la salud de las personas y el propio atractivo de la ciudad. El dilema estaba servido y los políticos municipales optaron por limitar el flujo de coches imponiendo las multas por congestión.

Al principio, las tasas o multas por congestión tuvieron un carácter de prueba, denominada “The Stockholm Trial”. La prueba comenzó, en enero de 2006, y continuó, hasta julio de 2006. Complementariamente, se realizaron importantes inversiones para reforzar el transporte público y se construyeron aparcamientos disuasorios del tipo “Park and Ride” (P&R). He de señalar también que algunos vehículos, como los vehículos de emergencia: ambulancias, bomberos, policía, etc, quedaban exentos del pago de la multa. Lo mismo pasaba con los transportes públicos, los vehículos militares, las motocicletas, los vehículos limpios y los taxis.

Durante la prueba, la multa por congestión fue de unos 5 €/día por vehículo (SEK 60 por día y vehículo). Los días festivos o vísperas de días festivos por la tarde no se aplicaba la tasa. A lo largo de los siete meses de prueba, podemos decir que los resultados esperados fueron ampliamente cumplidos. Se logró reducir el tráfico de vehículos en un 30%, dentro de la zona del centro de la ciudad, durante la horas punta de la mañana y la tarde. De este modo, se logró reducir, sensiblemente, la congestión del tráfico, mejorando la accesibilidad a través de las principales vías de circulación y, aunque todavía se producen embotellamientos de coches, éstos ya no son tan graves como antaño. Las emisiones y el ruido se redujeron también de manera importante gracias al transvase del coche a modos de transporte más sostenibles como el transporte público, la bicicleta o el caminar a pie.

En septiembre del 2006, un par de meses después de que finalizara el período de prueba y recogiendo el éxito de la experiencia tuvo lugar el referéndum para la aprobación de una aplicación permanente de las tasas o multas por congestión de tráfico, que se celebró, conjuntamente con las elecciones generales, en todo el Área Metropolitana de Estocolmo.

En el referéndum, se dio el caso que los residentes en el municipio de Estocolmo votaron “sí”, a la tasa de congestión pero los residentes en otros 14 municipios del Área Metropolitana votaron “no”, a la aplicación de la tasa de congestión de manera permanente. El gobierno socialdemócrata que existía antes de las elecciones generales de 2006 era partidario de que, para la aplicación de la “Congestion Tax”, sólo debería tomarse en consideración los resultados del municipio de Estocolmo que era el que más sufría la congestión del tráfico.

Por el contrario, los partidos de la oposición de centro derecha (Coalición ‘Alianza por Suecia’) planteaban que se tomará en consideración también los resultados del referéndum en el resto de municipios del Área Metropolitana, donde la Coalición ganó. Parecía que no iba a haber acuerdo pero, al final, se logró un compromiso. Se aceptó aplicar la “Congestión Tax”, de manera permanente, a todo el Área Metropolitana, a cambio de que lo que se recaudara mediante las tasas, sirviera para crear un fondo que luego sería utilizado para financiar la construcción de nuevas carreteras.

Así pues, en lugar de utilizar dicho fondo para impulsar el transporte público, tal como se había establecido al principio, se pasó a seguir a destinarlo para hacer más carreteras, más de lo mismo. Esta visto que, tanto en Suecia como aquí, la derecha sigue defendiendo irresponsablemente a los rentistas del sistema, sin querer admitir, como si fuera un acto de fe, que nuestro actual modelo está agotándose.

Tras el acuerdo sobre el destino del fondo recaudado mediante la aplicación de la tasa, los dirigentes de los partidos que ganaron en las elecciones generales, la Coalición de centro-derecha, se posicionó a favor de la aplicación permanente del impuesto sobre la congestión de tráfico. De este modo, el año pasado, en junio de 2007, el Parlamento sueco aprobó la “Congestion Tax” que, por fin, pudo conocer la luz el pasado 1 de agosto de 2007. Su aplicación ha sido un éxito y, lo seria aún más, si sirviera para impulsar cuanto antes el transporte público alternativo a la carretera.

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One Response to El ejemplo de Estocolmo

  1. P. Lafont dice:

    En Estocolmo, viven suecos y en España nos hacemos el sueco. Somos unos impresentables egoístas. Es evidente que somos así.Y lo seremos hasta que ser egoísta cueste dinero y encima tengamos que pagar.

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