Un relato sobre lo que nos espera

En estos momentos, aunque el precio de la gasolina haya superado los 1,2 €/litro, lamentablemente, todavía nos resulta barato como para hacernos reaccionar y apostar por el transporte público. También quiere decir que las señales de ahorro y/o de sustitución del vehículo privado por el transporte público están todavía ausentes en nuestras opciones de transporte. Es la prueba palpable de que no somos inteligentes como nos creemos y, por ello, sin recurrir al “palo”, dejando la “zanahoria” sólo para la educación de los niños, dudo mucho que nuestros ciudadanos, con su comodidad y egoísmo instalados, apuesten por el transporte público.

Por ello, si previamente no se aplica una política fiscal correctora que penalice el consumo insostenible, por culpa de la falta de voluntad política y de liderazgo de nuestros gobernantes, sólo nos quedaría esperar a que el mercado nos coloque las señales vía precios, avisándonos sobre la gravedad del problema. Lo malo es que cuando esas señales de precios se produzca, cuando, por ejemplo, el precio del crudo de petróleo se incremente hasta los 250 dólares/ barril, será demasiado tarde para que podamos hacer los ajustes económicos necesarios sin crear un gran dolor, al tiempo que por ser medidas que se implantarían como ‘fuerza mayor’ y cogerían ‘a contrapié’ a una sociedad no alertada como la nuestra.

En base a estos presupuestos de partida, se necesitarían muchos más años de esfuerzo para realizar la transición hacia una economía de bajo consumo de hidrocarburos fósiles. Por lo tanto, lo que necesitamos ahora sería aplicar políticas que incrementaran los impuestos sobre el consumo de hidrocarburos fósiles —impuestos a las emisiones de CO2— y se crearan más incentivos fiscales para que la gente compre coches ligeros y de alta eficiencia energética —eléctricos, híbridos, bajo consumo por cada 100 km, etc. — en lugar de coches de la gama alta que impliquen fuertes consumos.

Por otra parte, tanto el petróleo como el resto de combustibles fósiles se han producido a lo largo de millones de años, bajo la superficie de nuestro planeta, pero sólo se han producido en cantidades finitas y limitadas. Llevamos más de 150 años consumiendo petróleo y este consumo va aumentando año a año. Actualmente, estamos consumiendo 86 millones de barriles/día (mb/d) — incluido el petróleo producido a partir de las arenas bituminosas (Alberta, Canadá) y de los GNL (se refiere a los líquidos que se recuperan como un subproducto de la extracción de gas natural)— y cada año que pasa aumentamos el consumo, entre 1,6 – 2 mb/d.

Por lo tanto, suponiendo que la demanda siga aumentando, en lugar de disminuir, en algún momento dado la demanda no podrá ser satisfecha por la oferta y, a partir de entonces, a partir del ‘Peak Oil’, es cuando la tasa de extracción de petróleo comenzara a disminuir. Al principio, lo hará de forma lenta para comenzar a acelerarse progresivamente su índice de agotamiento. Al pico máximo de producción de petróleo anual es lo que se conoce, en su expresión en lengua inglesa, como “Peak Oil”.

Se desea que las energías renovables sean las que sustituyan a los hidrocarburos fósiles ya que, al tiempo que nos ayudan a luchar contra el cambio climático por ser energías limpias, son, a su vez, fuentes de energía que se consideran inagotables. Tal es el caso de las energías: solar, eólica, hidroeléctrica, geotérmica, oceánica, biomásica, etc.

Su oferta, en teoría y salvo matizaciones, es limitada según los lugares donde se instalan pero prácticamente inagotable. Se trata de una energía que se renueva constantemente, pero su producción potencial, aunque algunos consideran que es infinita, en la práctica está muy lejos de serlo puesto que también tiene sus propias limitaciones de diferente índole: técnica, económica, ambiental y social.

El Peak Oil es también un concepto geológico puesto que también se refiere a las limitaciones físicas inherentes a la producción de petróleo. En el mundo real, la demanda y la oferta de petróleo están sujetas a los importantes impactos que les originan los cambios tecnológicos y la evolución de los conflictos y/o acontecimientos políticos. La mayoría de los expertos en energía que hablan acerca del Peak Oil omiten estas consideraciones, porque podrían ser peligrosas desde la perspectiva de la realización de inversiones en E&P (Exploración y Producción de petróleo).

Si, de repente, se produjera un milagro e Irak conociera la paz, podría aumentar la producción de petróleo, posiblemente, en más de tres mb/d durante varios años. Lo mismo podría decirse acerca de Nigeria que está soportando una guerra fraticida durante años y que ya se ha convertido en el escenario de algunos enfrentamientos que se desarrollan en terrenos cercanos a algunos principales yacimientos. Venezuela también podría tener una importante capacidad de aumento de su producción de petróleo, pero existen problemas políticos y técnicos.

De igual modo, asumimos que la tecnología puede impactar tanto sobre la oferta como sobre la demanda de petróleo. La velocidad a la que un determinado depósito de petróleo puede extraerse y la identificación de qué tipos de depósitos minerales pueden ser utilizados como fuente de petróleo son aspectos están muy condicionados por la tecnología. Por ejemplo, las arenas bituminosas de Alberta, Canadá, y el petróleo ultra pesado de la Franja del Orinoco, Venezuela, se consideran actualmente unas de las principales fuentes de petróleo en el mundo, pero, tan sólo hace diez años, las arenas petrolíferas no se consideraban una fuente de petróleo fiable. Ello era antes de que se perfeccionara la tecnología que está permitiendo la conversión rentable de las arenas bituminosas en petróleo. También era antes de que los precios del petróleo fueran lo suficientemente altos como para hacer que los elevados costes de producción de petróleo, a partir de las arenas bituminosas, resultaran menores que los beneficios.

Además, hoy en día, disfrutamos de una gran ventaja añadida pues podemos, gracias al desarrollo de la ciencia y la tecnología, contar con nuevas técnicas de presurización de los yacimientos de petróleo que permiten mejorar sensiblemente los rendimientos de explotación. Así, aplicando inyecciones de gas natural y de agua el petróleo que asciende hasta la superficie, lo hace de manera más rápida, al tiempo que aumenta el caudal de extracción y mejora el rendimiento final del yacimiento.

De este modo, los yacimientos se pueden vaciar mucho más, lo que implica poder extraer mucho más el petróleo embalsado. Son también las nuevas técnicas de perforación, en particular, las que utilizan un entramado formado por un conjunto de tubos horizontales y verticales, las que han posibilitado aumentar tanto la cantidad como la velocidad de recuperación del petróleo extraíble. Estas nuevas técnicas para la extracción de petróleo se conocen como “Enhanced Oil Recovery”, (EOR), o recuperación mejorada del petróleo, y, a menudo, se mencionan como argumento base para justificar que el Peak Oil se producirá durante la década 2020-2030 o más tarde. Sin embargo, se trata de una opinión especulativa e interesada que se encuentra muy lejos de la realidad.

El Peak Oil se sitúa temporalmente mucho antes de lo que nos pensamos. Podríamos decir que ya se asoma a la vuelta de la esquina. Y para nuestra desgracia, nuestros dirigentes políticos, económicos y sociales están en la inopia. Les pasa lo mismo que a los sabios bizantinos que discutían sobre el sexo de los ángeles, mientras los turcos escalaban las murallas de Constantinopla.

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