La comedia trágica del país irresponsable

En verdad, que a nuestros políticos les falta mucho para ponerse a la altura de las circunstancias. Todavía no han sido capaces de interiorizar los precios del crudo de petróleo y tardarán muchos años en hacerlo. Cuando nos llegue al agua al cuello entonces es cuando comenzarán a reaccionar —al puro estilo Boabdil—lamentándose como niñatas histéricas de nuestra desgracia y mala suerte. Es patético y no creo que los ciudadanos vascos merezcamos tanto incompetente junto pero es lo que tenemos.

Parece mentira que cada vez haya más países y municipios que están impulsando la transición hacia una economía sin consumo de hidrocarburos y aquí, todavía, nuestros gobernantes ni se percatan de que ya se acabó la era del petróleo barato en un país donde nos han obligado impunemente a ser adictos y dependientes del petróleo hasta límites insospechados, máxime con la apuesta de nuestros gobernantes por la carretera y el ladrillo.

En Euskal Herria, a nivel autonómico, a nivel de cada Territorio histórico, la consigna sostenible es solamente la de hacer como si se hace para seguir haciendo más de lo mismo. La prueba del nueve de que no hacemos nada es que mientras no apostemos por un sistema de comunicaciones que sea alternativo a la carretera y que enlace las comarcas y municipios utilizando el transporte público de personas y mercancías, significará que apenas hacemos nada contra la emisiones de CO2 (lo que significa que tampoco para luchar contra el Cambio Climático, ni para depender menos de unos combustibles que importamos y que son cada vez más caros).

Tampoco existen visos de que en un futuro se quiera hacer algo, máxime cuando nuestras inversiones en ferrocarriles se destinan sólo a nuestras conexiones con el exterior y se las lleva, casi en su totalidad, el tren AVE de alta velocidad. Esta infraestructura podrá ser muy útil para comunicarnos con Madrid, Lisboa y Paris pero totalmente inútil para comunicarnos entre nosotros. Por desgracia, las comunicaciones internas no parecen preocupar a nuestros gobernantes como tampoco a los municipios y comarcas —este hecho sí que es de locos. Es una pena ver cómo nuestros municipios languidecen como si vivieran en el limbo del ladrillo y de la carretera y, encima, se tapan los oídos para no querer oír que los precios del crudo de petróleo, antes de una década, harán inviable para muchos de sus ciudadanos los desplazamientos en coche.

A su vez, tampoco a los alcaldes y gobiernos municipales parece importarles el Cambio Climático —lo de las Agendas 21 Locales está siendo una verdadera tomadura de pelo pues no se ve que con sus actuaciones los ayuntamientos reduzcan para nada las emisiones de CO2, como si lo ‘verde’, en villitas caras para los ricos, no consumiera más derivados del petróleo. Además, parece como si también la oferta municipal fuera sólo hacer más de lo mismo. Todavía no se han percatado de que no hay que construir más casas, sino hacer que las vacías afloren al mercado de alquiler barato.

Tampoco, nuestro ediles municipales se plantean la necesidad y la importancia —como lo recomienda la Comisión Europea— de colocar al desarrollo sostenible en el centro de las estrategias por lo que menos se van a preocupar de la necesidad urgente de encarar la producción y consumo de energía, a nivel municipal. Como si de la conjura de los necios se tratara, la mayoría de nuestros electos municipales esperan que pasen estos cuatro años sin problemas, al tiempo que suspiran por pasarles la patata caliente de la transición hacia una economía de bajo consumo de hidrocarburos fósiles a los concejales que vengan en la próxima legislatura.

Estamos ante el cambio de una época —no confundir con una época de cambios. Estamos ante una transición socioeconómica sin precedentes que convendría ir preparando desde el nivel municipal. A los cargos municipales les recordaría que no cierren los ojos a las noticias que cada vez nos insisten más en que el fin del petróleo está cerca. Tal es el caso del informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) del pasado 7 de noviembre, en su informe anual sobre energía: World Energy Outlook 2007. En este informe, también se recogían las perspectivas del mercado de crudo de petróleo de ahora al 2030.

En el resumen ejecutivo de la AIE, se señalaba que aunque esperamos un incremento de la capacidad productiva gracias a nuevos campos petrolíferos en los próximos cinco años, sin embargo no sabemos, a día de hoy, si será suficiente para compensar el descenso de la producción en los campos actualmente en explotación y hacer frente al incremento previsto de la demanda —y añade— “Una crisis de oferta, que implicaría una escalada aún más abrupta de los precios, no es descartable que ocurra antes de 2015”. En consecuencia, es muy posible que ocurra pronto que todo el petróleo que se produzca, a nivel mundial, no alcance a cubrir la demanda global. Es entonces cuando, de verdad, comenzarán los problemas pues, para esas fechas, se habrá producido el cenit del petróleo o ‘Peak Oil’ y los precios del crudo de petróleo se pondrán por las nubes.

Queramos o no, nos tenemos que acostumbrar a convivir con precios del petróleo altos, más cerca de los 100 dólares/barril, o superiores, que de los 40 dólares/barril como, absurdamente, algunas agencias de la energía de rango autonómico, todavía viven instaladas, en la práctica. Quizás, quien mejor haya compendiado el informe de la AIE haya sido Martin Wolf, en un artículo que escribió, hace poco tiempo, en Financial Times donde ejerce como director-jefe de los comentaristas económicos. Se trata de un artículo que supo dar en el clavo. En diez puntos recogía los aspectos más esenciales del informe “World Energy Outlook 2007”.

La demanda de energía crecerá un 50% de aquí a 2030, con China e India justificando ellos solos un 45% del incremento; de hecho China será el mayor consumidor de energía del mundo en 2010, superando a Estados Unidos; esta subida se produce pese a la continua mejora en la eficiencia energética mundial que, no obstante, en el mejor de los casos puede reducir la demanda tan sólo en un 0,5% anual; el 84% de la mayor necesidad energética provendrá de combustibles fósiles y, así, la cuota de la OPEP pasará del 42% al 52% , con el riesgo de inestabilidad que esto supone.

China e India provocarán una mayor demanda del carbón, como uso energético contaminante pero barato, lo que provocará un aumento del 57% de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera; China es ya el país más contaminante del mundo y en el escenario óptimo, las emisiones se estabilizarán en 2025 a niveles un 30% superiores a los actuales; se requieren veintidós millones de dólares, (22 x 1012), para inversiones en infraestructuras de petróleo, si es que se quiere que la oferta de crudo pueda seguir satisfaciendo el aumento de la demanda en 2030.

Como podría haber concluido Wolf, “el deseo del resto el mundo de incorporarse a un modo de vida intensivo en el uso de la energía, y del que ahora sólo disfrutaba un sexto de la población mundial, es legítimo pero trae importantes consecuencias económicas, estratégicas, sociales y ambientales”. Y añade el argumento que ya ha sido comentado por numerosos expertos independientes en energía y que algunos hemos dicho hasta la saciedad, en numerosas ocasiones. “Salvo que se produzca una revolución tecnológica desde la oferta de energía o se descubran nuevas bolsas de crudo de petróleo/gas que reduzcan o mitiguen la dependencia de los combustibles fósiles, especialmente en el transporte, el futuro será muy negro para aquellos territorios como la CAPV y Navarra cuyos gobernantes han apostado por la carretera como medio de transporte casi único para que los vascos se comuniquen entre ellos”.

Además, a nivel geoestratégico, se está produciendo un cambio importante en la relación de fuerzas, a nivel global. En efecto, caminamos hacia el control de los recursos energéticos por parte de unos países cuyos regímenes son, en algunos de casos, de una actuación democrática, un tanto dudosa, y, por parte de otros sobre los que no hay ninguna duda de que son países dictatoriales. Estos países son los que determinan los precios energéticos, acumulan las riquezas y, sobre todo en un futuro próximo, tienen la llave del suministro tanto al mundo desarrollado como a los países en vías de desarrollo. El otro grave problema es que ni tan siquiera los países del OPEP y Rusia juntos, podrían tener la llave del grifo que permitiera garantizar el suministro de petróleo a todo la demanda mundial.

Lo que es caro siempre abundará para los ricos, para aquellos que más tienen o están dispuestos a pagar más a cambio de petróleo. En este caso, los ganadores no serían los países desarrollados, que tiene mayores dificultades en prepararse para una “Low Carbon Economy” de baja intensidad energética sino aquellos países emergentes, como China e India, más acostumbrados a que sus ciudadanos se vean obligados a soportar grandes miserias y privaciones.

Otro camino puede ser el auge del neo-colonialismo. Sólo que, esta vez, las guerras se llevarían para hacerse con ‘colonias’ que tuvieran yacimientos de petróleo y/o de gas natural. Obviamente serían necesarias unas cuantas guerras, más o menos justificadas, pues el fundamentalismo islámico ayudaría mucho a ello. El equilibrio de un escenario donde la oferta no satisfaga a la demanda siempre será inestable. En su salida hacia la búsqueda de la estabilidad, lo más probable que es que se recurra a las guerras por el control de los recursos, lo que, según como se plantee, podría conducirnos a una III guerra mundial.

Lo más lógico y racional es que, puestos a ser colonizadores modernos, para evitar guerras nucleares que pudieran enfrentar a las grandes potencias mundiales, se hiciese un reparto inteligente de los recursos mundiales entre los países más poderosos (o mejor armados con ojivas nucleares de largo alcance según se prefiera). La duda que me viene ahora es la de si estos países —potencias mundiales— también se unirían tanto para hacer frente al Cambio Climático ya iniciado —y que va agravándose, día a día— como para hacer frente también al agotamiento progresivo del crudo de petróleo y del gas natural, liderando el tránsito hacia una economía de bajo consumo de carbono y de mínima intensidad energética.

Con todo, subrayaré que, sin una ayuda y colaboración —que no ha tenido precedentes en la historia— con los países en vías de desarrollo para que éstos realicen también su transición hacia una economía de bajo consumo de hidrocarburos fósiles (EBCC) junto con nosotros, los resultados serían catastróficos para la humanidad pues el hambre y las enfermedades afectarían a más de la mitad de la población mundial. En conclusión, es necesario empezar a trabajar desde abajo, apostando por el desarrollo sostenible del municipio y/o comarca máxime cuando, a niveles superiores, no se está haciendo apenas nada y cuando se empiece a hacer algo sea entonces “too little too late…”

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