El Protocolo de diseño ‘Cradle to Cradle’

Cuando los recursos son limitados y, además, éstos se van agotando no es difícil pronosticar que el final nunca podrá ser feliz. Lo que no hagamos nosotros, terminará por hacerlo la propia naturaleza. Sin embargo, no parece justo, ni razonable, que, siendo seres inteligentes como somos, nos dejemos llevar por la avaricia, el hedonismo y el cortoplacismo y no preparamos nuestro futuro. De este modo será como estaremos condenados a sufrir un futuro desgraciado al permitir estúpidamente que sean los acontecimientos los que nos arrastren.

Hace algo más de diez años, cuando residía en América, dirigí y participé en un trabajo de reflexión prospectiva sobre nuestro actual modelo de desarrollo económico, a nivel mundial. En dicho análisis, las previsiones que se hacían no resultaron nada halagüeñas. Más bien presentaba en el horizonte una serie de nubarrones negros donde se podía presagiar lo peor para la especie humana. Se trataba de hacer frente al nuevo paradigma socioeconómico emergente caracterizado por tres amenazas principales: el rápido agotamiento —y su consiguiente encarecimiento— de los hidrocarburos fósiles, el progresivo calentamiento global y los profundo cambios esperados en la estructura demográfica de los países ricos debido al envejecimiento y las migraciones poblacionales provenientes de los países pobres. Todas estas amenazas anunciadas por entonces se están cumpliendo y han sido recogidas en algunos de mis libros como “El Futuro Revisitado”.

En uno de los capítulos del trabajo prospectivo se evaluaban los recursos naturales disponibles —las materia primas— y los ritmos acelerados de producción que exigía nuestro también insaciable modelo consumista de desarrollo. Otros capítulos evaluaban el intercambio desigual y el aumento de la pobreza y de la marginación tanto en los países del tercer mundo como en los países ricos, la indómita mortandad — en especial de los niños. mujeres y ancianos— y, finalmente, un capítulo especial dedicado a la producción y al aprovechamiento de las basuras industriales y urbanas. Los datos eran descorazonadores.

Paradójicamente, frente al agotamiento progresivo de muchos recursos no se estaba haciendo nada y los niveles de productividad de los recursos ofrecía valores mínimos pues tan sólo un 20% de las materias primas que utilizamos para la fabricación de un bien se incorporaban al producto final y, además, los niveles de reutilización y reciclaje eran despreciables.

Felizmente, y aunque lo hagamos muy despacio, van aumentando nuestros niveles de conciencia sobre la importancia estratégica que tiene tanto el aprovechamiento como la disminución de las basuras que producimos. Uno de los principales avances en este campo se lo debemos a la innovación que aporta el Protocolo de Diseño “Cradle to Cradle”. Se trata de un conjunto de normas que establece una nueva forma de afrontar el diseño de modo que concilie la protección del Medio Ambiente con las necesidades humanas.

Este nuevo enfoque del diseño fue creado por el arquitecto estadounidense William McDonough y el químico alemán Michael Braungart y, a su vez, fundador de la Agencia para el Fomento de la Protección Ambiental, en Alemania. La teoría se explica muy bien en el libro: Cradle to Cradle (de la cuna a la cuna): Rehaciendo el modo como hacemos las cosas y que se opone al modelo “Cradle to Grave”. Es decir, replanteando incluso la concepción, el diseño y el desarrollo de todos los productos y sistemas que fabricamos y conciliándolos con la sostenibilidad.

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