La economía circular

Nuestro modelo de economía actual se ha vuelto obsoleto y su crecimiento sólo es capaz de contar cuanto dinero de más se meten en los bolsillos los que ya están forrados de dinero, en lugar de aportarnos datos sobre cuantos pobres al año han dejado de serlo. Así, frente a los grandes beneficios que escandalosamente todos los años obtienen las grandes empresas multinacionales, las constructoras, las energéticas y las entidades financieras, etc., el empobrecimiento progresivo de las familias, que poco a poco ven perder su poder adquisitivo, y la consolidación de los salarios bajos y empleos inestables lo contrasta.

A las clases medias se las despedaza poniendo viviendas a la venta que valen hasta cinco veces más de lo que representa su coste real. Todo esto se ha hecho con total impunidad y sin que los políticos, que en teoría deberían defender a los ciudadanos —en especial, a los colectivos más indefensos: las personas mayores y los jóvenes— hayan hecho apenas nada para acabar con este repugnante latrocinio.

Desgraciadamente, y a la vista de la corrupción imperante, los rentistas que se benefician de este sistema ya caduco se han vuelto cada vez más poderosos, han penetrado en las instituciones y han conseguido mantener sus vacas sagradas y sus privilegios casi intactos. De este modo, el rico se ha podido volver cada vez más rico en una etapa de la historia donde el dinero ha llegado a comprarlo casi todo y la avaricia, si bien no se ha convertido en una virtud todavía, al menos ha dejado de ser un vicio despreciable para la mayoría de los seres humanos.

Por ello, que cada vez haya mayores distancias entre los países pobres y los países ricos y entre los pobres y los ricos de los países como el nuestro no podemos más que considerarlo como el resultado lógico del modelo socioeconómico imperante. En una gran medida ocurre por la avaricia insaciable de los más ricos que se han apoderado de la gestión pública y, en otra gran medida, porque el modelo actual de desarrollo no da más de sí.

En efecto, se trata de un modelo lineal de producción y consumo donde todo tiene un origen y un final que se desprecia y se considerara como basura inútil e inservible. Es el modelo de producción y consumo conocido como modelo “Cradle to Grave” (De la Cuna a la Tumba)” que hace tiempo que ha dejado de dar más de sí, hasta el punto que margina a más de un 70% de la población mundial. Si ello ocurre ahora que somos 6.500 millones de habitantes podemos extrapolar qué podrá llegar a ser cuando lleguemos a ser 9.000 millones, dentro de cuarenta años.

Las limitaciones de la Tierra cada vez se nos hacen más evidentes pero nuestra ceguera nos impide verlo pues ha crecido hasta el infinito. Tal es la fuerza de la avaricia, el hedonismo y el cortoplacismo que nos abruma. Consumimos tres veces más recursos de los que el planeta puede darnos. No hay suficiente para repartir a menos que pasemos de un modelo lineal de producción y consumo a uno circular donde todo los residuos y basuras que producimos se aprovechen.

Necesitamos cuanto antes apoyarnos en un modelo de economía circular del tipo ‘”Creadle to Creadle”. Las basuras y residuos que tan abundantemente producimos, si rehiciéramos nuestro modelo de consumo y productivo desde un enfoque sostenible, podrían ser también la fuente principal de riqueza para la satisfacción de las necesidades futuras de recursos que tengamos. Existen experiencias que lo avalan. Sólo falta voluntad política y visión de futuro.

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