Estados Unidos se preocupa por el ‘Peak oil’. ¿Y nosotros?

Hace tan sólo unos meses, el Departamento de Energía de los Estados Unidos publicó un informe titulado The Peaking of World Oil Production: Impacts, Mitigation and Risk Management (El punto máximo de la producción mundial de petróleo: impactos, atenuación y gestión de riesgos). Uno de los redactores de este informe, Robert Hirsch, consejero de alto rango del programa de energía en la Corporación Internacional de Aplicaciones Científicas, tuvo que reconocer que aún antes de alcanzar, a nivel mundial, el punto máximo de la producción de petróleo, ‘peak oil’, la humanidad entera comenzaría a sentir los inminentes y potencialmente desastrosos efectos de este fenómeno.

El informe concluye diciendo que se trata de un problema de gran envergadura y de enorme trascendencia para la humanidad entera y, además, consiste en un hecho que, hasta ahora, nunca había ocurrido. Así pues, se trata de un problema nuevo y que no conoce algo similar a lo largo de la historia. Se trata también de un problema muy grave pues debido a nuestra dependencia del petróleo, carecemos hasta el presente de alternativas.

Si no se logra que, a nivel mundial, los consumos de petróleo vayan reduciéndose debido a la mejora sustancial del ahorro y a la eficiencia energética y la producción y consumo de energías renovables y que ello se haya logrado por lo menos, una década y media antes de que ocurran los hechos, el problema se volverá crónico y sus efectos serán cada vez más perniciosos y nocivos para las diferentes naciones. Las transiciones energéticas conocidas hasta ahora (paso de la madera al carbón y del carbón al petróleo) fueron graduales y evolutivas.

El agotamiento del petróleo será un paso tan abrupto como revolucionario. Los países que sobrevivan serán los que se adapten cuanto antes a una economía de bajo consumo de hidrocarburos fósiles (Low Carbon Economy), El informe concluye diciendo que se requiere una política de gestión de riesgos que sea prudente pero, a su vez, que sea rigurosa y comience a aplicarse cuanto antes. Será necesario tomar decisiones que impliquen cambios rupturistas con el pasado. Sus efectos sobre la economía y la organización social serán de gran calado.

Desgraciadamente, en muchos países como Euskadi, estas respuestas tardarán en darse ya que resulta difícil para la mayoría de la gente, así como para muchos líderes políticos y sociales, tomar decisiones valientes que exijan sacrificios y coloquen en sus sitio a los rentistas del sistema. Tampoco los grupos oligárquicos quieren perder sus privilegios. Controlando los medios de comunicación saben que pueden silenciar noticias adversas a sus intereses, Por otro lado, con esparcir la sombra de la duda en aquellas noticias que logren pasar los filtros y llamar catastrofista a quien plantee dudas sobre la futura viabilidad energética es suficiente.

En general, aún cuando no impere la ‘omertá’, se suele aconsejar en los manuales de lo políticamente correcto, esperar y no arriesgarse. De este modo, y sin hacer caso de la más mínima prudencia, se aconseja seguir haciendo más de lo mismo y no empezar a hacer nada hasta que el problema sea evidente para todos y su planteamiento quede fuera de la más mínima duda. Poco importa si luego se llega tarde y mal a la solución de los problemas. Solamente cuando sean los acontecimientos los que nos arrastren y empiecen las penas es cuando nos lamentaremos. Muchos se dejarán la piel

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