Lo peor podría evitarse

Decía Bertrand Russell que la historia del mundo consistía en narrar la suma de todos aquellos sucesos trágicos que hubieran podido ser evitados. Yo participo de este comentario y es más, creo que todos y cada uno de nosotros debiéramos hacerlo nuestro. Lo peor del cambio climático ya iniciado, y que aún está por llegar, podría evitarse pero, para ello deberíamos de empezar a actuar contundentemente desde ahora. Desgraciadamente, eso es lo que no hacemos, pues nuestras políticas de desarrollo están ancladas en impulsar el consumismo y el despilfarro. En nuestro caso, todo se agrava debido al peso que tiene la construcción y la obra civil de infraestructuras, viviendas y equipamientos que no satisfacen las demandas actuales y es muy dudoso que satisfarán las necesidades reales de futuro.

Para algunos, estas infraestructuras tan sólo sirven a las políticas continuistas y/o especulativas de una oligarquía que encabeza al conjunto de rentistas del sistema y que, como sabemos, son los enemigos jurados del desarrollo sostenible. Está es una de las razones por las que, a priori, desconfío de cualquier macroproyecto que se presente, en tanto en cuanto no demuestre la pertinencia, coherencia, eficacia y eficiencia de dicho proyecto con relación a las necesidades de futuro. También es necesario comprobar que su ciclo de vida útil contribuye a reducir sensiblemente las emisiones de CO2, mejorando la productividad de los recursos.

Desde las instancias de influencia se nos inculca que Gipuzkoa tiene planteados como retos la realización de tres importantes macroproyectos: la mejora de las comunicaciones aéreas; lo que para algunos implica el alargamiento de la pista del aeropuerto de Hondarribia; la mejora de las comunicaciones marítimas; lo que para otros implica la construcción de un puerto exterior a la bahía de Pasaia; y la mejora de las comunicaciones terrestres; lo que para algunos implica el que el tren de alta velocidad pueda conectar a las capitales vascas.

Por lo que se refiere a Euskal Herria, no hace falta ser ningún experto para comprender que la mejora de las comunicaciones aéreas, marítimas y terrestres se pueden prestar a cientos de soluciones. Máxime cuando desde una perspectiva de país y, huyendo de toda anacrónica visión provinciana, contamos con los cercanos aeropuertos de Loiu, Noain, Biarritz y Foronda. Lo mismo se podría decir en materia de infraestructuras portuarias de los puertos de Bilbao y Baiona. El tren -ese olvidado, durante demasiado tiempo, medio de transporte- reaparece únicamente en su versión de alta velocidad pero sin adquirir el protagonismo que le corresponde en el entramado en red de los pueblos, villas y ciudades de la geografía guipuzcoana, facilitando, a su vez, la conexión de mercancías y pasajeros hacia y desde el exterior de Gipuzkoa.

Las infraestructuras no son neutras y tampoco fines en sí mismos. Pueden ser un motor del desarrollo futuro pero también pueden suponer un gran freno, en caso de que, con el paso de tiempo, se ajusten mal a las necesidades futuras.Tienen un ciclo de vida que trasciende a la esperanza de vida de cualquiera que haya nacido hoy. Por ello, sin aplicar previamente la prospectiva, no conviene fiarse demasiado de la pertinencia de estos proyectos, pues casi siempre responden a los intereses de los rentistas del sistema. Necesitamos prepararnos para un futuro sin petróleo y favorecer la participación y la transparencia.

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