El truco del almendruco

Se trata del misterioso caso de las emisiones de CO2 de la Comunidad Autónoma Vasca que, según como se planteen las cifras, pasan de representar un 45% a tan sólo un 24%, en un abrir o cerrar de ojos y como si fuera un juego de magia. Por todos es conocido que la CAPV ha aumentado un 45% nuestras emisiones de CO2 respecto a las del año 1990, lo demás son trampas. Últimamente mediante trampas que se planean en los despachos y que no son lo que los datos reales reflejan, se pretende rebajar esta cifra a 24%, en base a argumentos falsos.

Todo se basa en que, en el año 1990, el País Vasco era fuertemente deficitario en generación de energía eléctrica. Actualmente no es así ya que genera aproximadamente un 70% de su demanda de energía eléctrica. Este hecho hace que las emisiones de CO2 del sector eléctrico aumenten muy notablemente al compararse con las del año 1990, ya que, en ese año, se importaba mayoritariamente la energía eléctrica y, por tanto, no se producía CO2 puesto que dicho CO2 se había generado allende de nuestras fronteras.

Como, a nivel del Estado Español, los datos son muy malos debido a que los valores de emisiones de CO2 actualmente superan en un 50% las emisiones de 1990, y como nosotros ya vamos por el 45% parece que a algunos consultores se les ocurre la engañosa idea de disfrazar las cifras para así presentar un balance vasco virtualmente menos malo. Algún político aficionado a la doble contabilidad atrapa el truco y da su aprobación para timar al resto de las CC.AA.

De este modo, se decide aplicar a las emisiones de la CAPV un Plan Pond´s de belleza en 7 días. Así pues, para aumentar el nivel de emisiones de CO2 del sector eléctrico vasco en el año 1990, se decide imputar la importación de energía eléctrica como si se hubiera generado realmente en la CAPV (probablemente atendiendo al “mix” de generación de energía eléctrica del sistema peninsular español del año 1990, ya que si se utilizara el “mix” francés las cuentas saldrían mal debido al tema nuclear). De esta manera, las emisiones 1990 son mucho más altas y permiten decir que se va mejor por la senda del cumplimiento de Kyoto.

Toda una operación cosmética —algo que no tiene que ver nada con la ética— para disfrazar las cifras reales y considero, además que, puestos a maquillar, se podrían hacer mil trampas diferentes para cambiar la realidad. El problema es, además de hacerlo, que ello cuele. No debemos olvidamos de que lo que, verdaderamente, se debe hacer es contabilizar las emisiones reales que se han producido en un territorio determinado para un año determinado y punto.

Otro ejemplo de burla creativa sería el resultado de aplicar el mismo razonamiento al caso de Catalunya. Allí, en el año 1990, la generación nuclear era del orden del 80% de la generación catalana y, por tanto, sin emisiones de CO2. Para poder aumentar las emisiones del año base, 1990, bastaría con suponer que no hubieran existido dichas centrales nucleares o que su producción se hubiera consumido en España (out of Catalunya) e imputáramos el consumo interno fundamentalmente en base a la generación de las centrales convencionales de fuel/gas de la época. En el 2005 hacemos el cálculo contrario. La electricidad producida en las centrales nucleares se consume en un 100% en Catalunya. Veríamos entonces lo bien que les saldrían las cuentas a los catalanes. Podrían hasta vendernos derechos de emisión de CO2.

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