¿Para cuándo los jefes de gobierno?

En la conferencia sobre el cambio climático de Nairobi también se habló sobre el desagradable hecho de que los gobiernos de los diferentes países, habitualmente, sólo fueran representados por los ministros del área de Medio Ambiente. Como sabemos, estos ministros pintan muy poco en las grandes decisiones políticas. Los grupos ecologistas sostienen que a ello se debe el hecho de que las manifestaciones y compromisos políticos tengan tan bajo nivel.

En el lado positivo, se puede decir que el informe Stern Review recogió el interés y la atención de muchas delegaciones y hasta el propio Hans Verolme, director del área del cambio climático global de la ONG ecologista WWF, manifestó que este trabajo podría hacer que políticos de primera fila mundial apostaran con mayor ímpetu por la lucha contra el cambio climático. “Lo más seguro es que este documento hará posible que se impliquen los máximos mandatarios políticos”, dijo.

A su vez, la canciller Merkel declaró que ella se tomaría muy en serio el problema del cambio climático y que lo impulsaría, como ya lo hiciera el Reino Unido con Tony Blair, dentro del G8. Esto nos permite mirar esperanzados hacia el futuro. Hay quien sueña que sean los jefes de gobierno los que acudan a la próxima conferencia-cumbre de las Naciones Unidas sobre el clima, a celebrar el año que viene en Bali (Indonesia), para tomar acuerdos relevantes, rupturistas y comprometidos.

Pero la bestia negra en Nairobi siguió siendo Bush. Su negativa a asumir el proceso de Kyoto es el mayor obstáculo para alcanzar un nuevo acuerdo sobre objetivos relacionados con las emisiones globales de GEIs. Existía una pregunta que circulaba de boca en boca. ¿Tras el varapalo sufrido por el Partido Republicano en las elecciones del 7 de noviembre en Estados Unidos, cómo podría variar el tratamiento que Washington concede al cambio climático? Debemos pensar que con una mayoría demócrata en ambas cámaras del Congreso algo si se ha de mover.

Sin embargo, no se puede ser muy optimista pues el peso de Bush seguirá siendo decisivo. Jonathan Pershing, director del programa sobre Clima, Energía y Polución del Instituto ‘World Resources Institute’, con sede en Washington DC, consideraba que no había ninguna posibilidad de que se produjera una conversión repentina en Bush, pero creía que el hecho de la mayoría demócrata en el Congreso provocaría movimientos tendentes a prepararse para el nuevo contrato internacional.

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