Molestando a los masai

En Nairobi, también acudieron entusiastas optimistas de los que siempre, a pesar de los reiterados reveses, siempre ven lo positivo de los temas. Yvo de Boer, el nuevo secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es uno de ellos, aunque calificara de hipócritas al grueso de países asistentes. Con todo, es normal que también afirmara lo siguiente:

—”El hecho de considerar a las políticas que actúan sobre el clima como un factor de coste para el desarrollo, está sirviendo también para que los diferentes países comiencen a ver que estas políticas son igualmente oportunidades de mejora del crecimiento económico pero, de un modo sostenible”.

Cabría pensar que estas palabras podrían hacernos soñar con que las empresas pueden obtener beneficios, incluso luchando contra el cambio climático. Sin embargo, es necesario bajar a la realidad cotidiana para darnos cuenta que tanto las empresas como los gobiernos, a pesar de las hipócritas declaraciones de estos últimos, no están haciendo casi nada para luchar contra el cambio climático.

En nuestro caso no tenemos más que mirar el 45% de toneladas de CO2 de más que emitimos a la atmósfera, en comparación con 1990, y que nos aleja cada vez más de cumplir con el Protocolo de Kyoto. Hoy por hoy, la prioridad que tienen los gobiernos es que las empresas sigan ganando mucho dinero. El objetivo de que reduzcan emisiones es algo secundario.

Ahora es cuando seguramente quien me esté leyendo encontrará una explicación de por qué en la mayoría de los debates y conclusiones desarrollados en Nairobi se ha evitado cualquier mención al hecho de reducir las emisiones de CO2 .

Toda esta imprecisa jerga que se utiliza para tratar con el clima resultó demasiado para Sharon Looremetta, una mujer masai que trabaja en una ONG y que observaba impaciente y perpleja cómo, tras dos semanas de discusiones, algunos temas clave relacionados con el clima quedaban todavía sin resolver.

“La pregunta clave es: ¿De qué problemas estamos hablando?”, preguntó Sharon de una manera insolente pero, a su vez, un tanto retórica. “Lo digo porque podemos sentirnos muy contentos con la llegada a África de los países occidentales, pero también es cierto que algunos países vinieron aquí con su propia agenda. Una agenda que no persigue otro fin que el de proteger a sus países y a sus economías.

Otros países vinieron aquí como si fueran turistas del clima para ver de cerca este continente tan olvidado, tomarse unas fotos junto a la fauna, poder ver de cerca la mísera pobreza en la que se vive y, de paso, chequear cómo mueren los niños y las mujeres en África”. Su discurso arrancó así una gran ovación entre los delegados pero, desgraciadamente, sólo supuso calor y color, que no resultados.

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