Cuando la economía juega a la ruleta

Es muy conocido el hecho de que cuando se produce una crisis hipotecaria y que, a su vez, origina una grave crisis inmobiliaria, las entidades financieras como los bancos y cajas de ahorro acostumbran a reaccionar retirando fondos de los canales financieros internacionales y, en consecuencia, generando una peligrosa falta de liquidez en los mercados. En dichos momentos, suele cundir un controlado pánico que no evita que se produzca una significativa parálisis en la actividad bancaria. Los bancos ya no se prestan, entre ellos, tan fácilmente el dinero.

Se reduce, a mínimos, la oferta de créditos a los consumidores y a las empresas que necesitan recursos para gastar o invertir en el desarrollo de sus actividades consumidoras o productivas. De este modo, la disminución de la liquidez de los flujos financieros afecta, directamente, a la propia financiación de la economía y, por ende, al devenir de nuestras vidas. Todo ello atenta contra la propia viabilidad de las empresas que trabajan en lo que se conoce la economía real.

Desgraciadamente, en nuestro actual modelo económico, la economía real pinta muy poco. Se intenta ocultarlo pero lo que impera es la especulación. En efecto, actualmente y en nuestra economía, son las instituciones financieras las se han convertido en el eje sobre le que pivota toda nuestra vida económica. Durante años, bancos y cajas de ahorro llevan obteniendo ingentes beneficios y realizando enormes inversiones que beneficien al concentración de poder y la especulación financiera. Estas entidades son las verdaderas responsables de las burbujas especulativas inmobiliarias que hemos conocido, en los últimos años, de las compras especulativas de empresas y de la gran volatilidad que están experimentando los mercados financieros.

Las consecuencias son evidentes.Sufrimos una grave crisis de liquidez financiera. Las familias más débiles y necesitadas están padeciendo una drástica disminución de su capacidad de endeudamiento, Sólo nos queda aguardar a la explosión de la burbuja inmobiliaria para que todos conozcamos cómo el valor contable de nuestras viviendas y activos se reduce a la mitad. Mientras tanto, para mayor escarnio y mofa, los bancos centrales de la UE, Estados Unidos y Japón, no tienen otra ocurrencia que aprobar varias veces la aportación de liquidez a los mercados financieros con el fin de paliar la irresponsabilidad de los bancos y cajas de ahorro de los últimos años.

Sin embargo, los bancos centrales para nada se ocupan de corregir el perverso funcionamiento actual del negocio bancario, tan escorado hacia la especulación, y que se ha olvidado totalmente de los principios que rigieron sus orígenes, cuando el negocio bancario consistía en recoger ahorros de los ciudadanos y empresas y crear fondos financieros que servían para dinamizar la economía real. Con dichos fondos, una parte de ellos los bancos los destinaban para hacer frente a las demandas de pagos y el resto, lo invertían en actividades rentables; es decir, en prestar liquidez a aquellas empresas que nos proveen bienes y servicios o a los propios consumidores. Lamentablemente, en los últimos años y en general, el negocio bancario ha cambiado de rumbo y, ahora se dedica, a colocar los ahorros en operaciones financieras especulativas que le son más rentables. La economía del ladrillo ha sido la piedra angular de la especulación. ¿A estas alturas, alguien tiene dudas de porqué Kutxa especulaba en Murcia?

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