Debatir para compartir

Las infraestructuras deberían ser tan sólo medios para construir un futuro mejor. Por consiguiente, su construcción sólo tiene sentido si contribuyen a mejorar el futuro de las próximas generaciones. Una buena pregunta sería la de saber si con la ampliación del aeropuerto de Hondarribia, la construcción del puerto exterior de Pasaia y la conexión a través del TAV —tren de alta velocidad— vamos a poder construir un mejor futuro. Hemos de tener en cuenta que estas infraestructuras consumen muchos de los recursos limitados con los que contamos.

Además, las infraestructuras no sólo cuestan mucho dinero, también emiten, durante sus fases de construcción y utilización, millones de toneladas de gases de efecto invernadero, lo que contribuye más al calentamiento global del planeta. Bastante es lo que ya nos estamos pasando en emisiones de CO2 debidas al transporte y a la edificación como para que apostemos por echar más leña al fuego. En consecuencia, y tal como recomienda la Comisión Europea, plantear cualquier macroproyecto, sin su correspondiente evaluación de impacto sobre el CO2 equivalente es, cuando menos, irresponsable e improcedente.

Otro tema muy importante es el nivel de consenso social que se logre en la realización de determinados macroproyectos. Los vascos solemos ser demasiado radicales en nuestras actuaciones pues, o bien vamos directos al grano y nos entablamos en infructíferas discusiones tribales, o bien nos callamos como muertos, como si cobardemente hubiéramos acatado la omertá mafiosa o ley del silencio que se nos impone desde un determinado sector rentista y/o grupo de presión.

En torno al tema de las infraestructuras, los niveles de crispación y disenso en nuestra sociedad son bastante preocupantes. De seguir como hasta ahora, no sería un hecho muy improbable predecir que cualquiera de los macroproyectos que se pongan en marcha va a ser objeto de controversia y enfrentamiento. Por otra parte, el sistema democrático sobre el que se asienta nuestra democracia no favorece el diálogo entre los diferentes actores concernidos. En los próximos años, si queremos salir airosos de los retos que nos impone el futuro, será necesario invertir mucho en participación ciudadana.

El futuro es una cuestión que interesa e implica a todos. El hecho de dotar a la sociedad civil de un mayor protagonismo es la mejor manera de elaborar y poner en marcha unas políticas sostenibles que sean eficaces. La sociedad civil no es el problema sino gran parte de la solución. Para ello necesita un mayor protagonismo. ¡Démosle frescura a nuestra democracia facilitando la participación de la sociedad civil en la reflexión y toma de decisiones sobre el futuro!

El desarrollo sostenible es un compromiso de todos. ¡Que diferente sería si la población tomara conciencia sobre el hecho de que el queroseno que consumen los aviones se está agotando —que cada vez va a ser más caro y, por tanto los vuelos en avión— y que el tren de alta velocidad es un alternativa real y necesaria al transporte aéreo de pasajeros para distancias medias.

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