No tenemos nada que exportar que sea sostenible

El desafío planteado por China es extraordinario. Este grande y populoso país, que representa 1/5 de la población mundial, deberá demostrar que es capaz de lograr sus objetivos en materia de desarrollo sostenible como lo ha hecho hasta ahora cuando, en menos de dos años, ha sido capaz de retirar progresivamente el empleo de la gasolina con plomo y cuando recientemente ha establecido normas de emisiones para todos los nuevos coches que son equivalentes a nuestras normas europeas. Sobre esta apuesta pesan diferentes y, a su vez, opuestos pronósticos.

Algunos consideran que China fracasará ya que la grave situación medioambiental que hereda y las enormes presiones políticas y sociales que soporta la economía china le obligarán a prosperar casi a cualquier coste, bien sean estos sociales como ambientales. La locomotora china no puede parar pues estallaría. Sin embargo, del éxito o fracaso en sus apuestas por la sostenibilidad depende el futuro de la humanidad entera.

En nuestro caso, nunca antes en la historia de Euskadi tanto la gente como sus líderes habían mostrado tal carencia de resolución o incluso de interés, en circunstancias que están cambiando para siempre el modo como vivimos. Incluso en aquellas épocas en las que hemos conocido las mayores convulsiones, como fueron además de las guerras carlistas y la propia guerra civil española, las diferentes revoluciones industriales, evitamos enfrentarnos a la realidad emergente. Sin embargo, en los últimos años, cuando mayor crecimiento económico y empleo estamos conociendo, apenas tenemos una conversación seria sobre lo que pasa como para añadir una conversación pública.

Estamos demasiado ocupados siguiendo a lo dice y se comenta en el programa de “Vaya semanita” de la ETB o cadena de televisión vasca, o en las clasificaciones de los equipos vascos en la liga, o en las proezas de nuestros deportistas en los Himalayas o en el Tour de France. También, estamos sumergidos en la “gau pasa” y en los programas de la telebasura que cada vez saca más esperpentos de sus vísceras, con un tanteo a favor de los deportes de 22-19. Nuestra falta de atención a lo que es tan importante, como es el peligro que nos acecha, no tiene precedentes, ni tan siquiera en los tiempos en los que nuestros inteligentes antepasados vivían en las cavernas.

Esto es verdad e, incluso, bien podría ser que todo ocurriera en una mayor medida. La sección de noticias de nuestros periódicos apenas recoge lo que en otros países se está haciendo en materia de Desarrollo Sostenible. Las consecuencias de los desastres originados por el derretimiento de los hielos en Groenlandia y las temperaturas de 30ºC de las aguas superficiales del mar Mediterráneo no merecen apenas comentarios en nuestros medios de comunicación.

No hacemos lo que cualquier persona sensata podría ver pensando que nos espera un invierno duro y lleno de dificultades que hará que muchas familias vascas sufran más ya que con unos precios crecientes del crudo apenas podrán soportar el coste de calentar sus casas. Hemos tenido huelgas de los sectores del transporte y de la pesca demandado ayudas por la subida del precio de gasóleo. Dichos sectores han conseguido sus ayudas, pero nuestras familias, que las necesitan tanto o más, no las conseguirán por el mero hecho de que no van a cortar las carreteras, ni los accesos a los puertos. La tragicomedia que nos envuelve es patética

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