Cuando el petróleo nos deje de dar de comer

Hay confesiones que ilustran más que nada. Destacaré las confesiones del hasta hace poco ejecutivo de una de las empresas petrolíferas más importantes del mundo, Jan Lundberg. Este ex directivo se encuentra ya jubilado y, en esa condición, dispone cada vez de más de tiempo para prestar una mayor atención a su familia. Podría llevar una vida tranquila pero, sin embargo, se nos muestra cada vez más preocupado con el futuro que estamos dejando a nuestros descendientes. Jan es muy consciente del peligro inminente que representaría que, en pocos años, tuviéramos una grave crisis de suministro de petróleo y de gas natural.

En su fuero interno, y en base a los numerosos y contrastados datos que conoce, sabe que el tiempo de actuar y de prepararnos para una economía de bajo consumo de hidrocarburos fósiles es ahora. Pero también sabe que para que la reacción se produzca, personas como él no pueden seguir calladas. Así pues, se compromete y comienza a hablar claro. Predice que la crisis llegará pronto y que ésta será repentina. “El pánico que se desate en el mercado, en unos pocos días, llevará los precios de los diferentes bienes de consumo hasta el cielo” –comenta angustiado— “Y el mercado se habrá paralizado en precios demasiado altos como para que funcionen las ruedas que mueven el comercio y la vida diaria”. En otras palabras, Lundberg nos recomienda que nos olvidemos del precio de las gasolinas que encontremos en los surtidores pues cuando el petróleo se vuelva realmente antieconómico, más que el aprovisionamiento de petróleo, nos preocupará la ausencia de alimentos en las tiendas locales.

Los ecologistas usan un término técnico, “die-off” (extinción), para describir lo que pasa cuando una población crece demasiado en relación con los recursos que la sostienen. ¿Dónde y en qué países ocurrirá la extinción esta vez? La respuesta que dan muchos expertos es que ello se producirá por todas partes. Según algunas estimaciones, 5.000 millones, de los 6.500 millones de habitantes que habitamos en la Tierra, nunca habrían sido capaces de vivir sin que existieran los maravillosos efectos positivos que nos proporcionan los combustibles fósiles ya que, gracias al petróleo y sus derivados, se impulsaron las bombas que drenaron la tierra y también, en base al petróleo se obtuvieron las sustancias químicas que hicieron posible la agricultura intensiva moderna.

Si el petróleo escasea o se agota, podemos asumir que estos 5.000 millones a los que nos referíamos, lo podrán pasar muy mal. Incluso, al ser tan dependientes del petróleo, cuando comience a faltar la energía que nos proporciona el consumo de hidrocarburos fósiles, antes se llegará a pasar hambre. Tengo que añadir que aquí estamos también comprendidos la gran mayoría de los vascos. Algunos expertos en catástrofes lo ponen todavía más crudo y provocador, aunque no por ello, lo que declaran deja de ser menos preocupante. Estos expertos comentan que cuando comiencen a escasear los alimentos, y durante algún tiempo, podremos apartarnos de los vecinos para proteger un alijo de comida enlatada que guardemos escondida pero, cuando ésta se agote, será mejor que aprendamos a cazar insectos en los montes que rodean a nuestras ciudades. ¡Menudo problema para muchos urbanitas que engrosan nuestras grandes ciudades!

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