Cada vez se llega peor a las soluciones

El doctor Richard Duncan, del instituto “Institute on Energy and Man”, ha supervisado las publicaciones de su organización, durante muchos años. Se quedó profundamente deprimido cuando, por primera vez, llegó a la conclusión de que nuestros mayores logros científicos pronto serían olvidados y de que nuestros monumentos más queridos se derrumbarían algún día para convertirse en polvo. Por supuesto que no es la primera vez que la gente predice un Apocalipsis inminente. Así, a finales del siglo XIX, los londinenses temieron que todos ellos morirían por respirar el metano que desprendían las “cacas” de caballo y que se amontonaban diariamente en las calles londinenses. He de confesar que cuando leí esta cita me quedé estupefacto.

Estuve imaginándome un Londres donde vivirían más de un millón de almas conviviendo con más de 50.000 caballos defecando por las calles y no me pareció ninguna estampa agradable. Felizmente, esta predicción resultó ser una exageración y no tiene que ver nada con lo que se dice acerca del petróleo porque es seguro que este recurso fósil se agotará más tarde o temprano y, además, la mayoría de los expertos cree que ello ocurrirá durante el transcurso de la vida de muchos que actualmente vivimos.

Para algunos expertos sobre energía, nuestro futuro se puede parecer mucho a lo que tuvo que sufrir Cuba durante los años 1990. Durante esa época, e invitado por el gobierno cubano, tuve ocasión de conocer bien Cuba y sus problemas al tiempo que me dedicaba a formar técnicos en planificación estratégica, aplicando la metodología prospectivo-estratégica. En aquellos tiempos Cuba sufría mucho la falta de petróleo. El embargo comercial de Estados Unidos, y el derrumbamiento de los países comunistas en Europa, privaron repentinamente a la isla de importaciones.

Sin petróleo, el transporte público se suprimió y las emisiones de TV terminaban temprano por la tarde, para ahorrar energía. Las granjas industriales necesitaban combustible y piezas de recambio, pesticidas y fertilizantes —ninguno de los cuales estaba disponible. Por consiguiente, la dieta media cubana cayó de, aproximadamente, 3.000 calorías/día, en 1989, a 1.900 calorías/día, cuatro años más tarde.

Los cubanos tuvieron que saltarse una comida al día y así lo hicieron todos los días, durante los meses y años siguientes. Por pura necesidad de subsistencia, el país se convirtió a las técnicas de agricultura sostenibles, substituyendo los fertilizantes artificiales por alternativas ecológicas, alternando los cultivos y las cosechas para mantener el suelo rico y fértil y volviendo a utilizar parejas de bueyes para arar, en lugar de tractores. Se llegó a algo que en Euskal Herria hemos guardado como imágenes rurales nuestras hasta no hará muchos años.

Con el paso del tiempo, y gracias a la ayuda de algunos países, los cubanos casi recuperaron el equivalente a aquella comida que perdieron. La agricultura sostenible, independiente del petróleo, fue posible pero supuso grandes sacrificios y privaciones. Con todo, la lección que nos enseña Cuba es que la ley de oferta y demanda, en sí, no solucionará los problemas pues nos pesan demasiado las inercias. Desde principios de 1999, los precios de petróleo han aumentado en más de un 500% y apenas hemos hecho algo para evitarlo. Los precios del mercado no empujarán a las empresas hacia la sostenibilidad hasta que el petróleo se ponga inasequible. Y luego, quizás llegue a ser demasiado tarde como para poder hacer los cambios sin traumas, ni sacrificios.

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