A ver si con los demócratas…

Con la victoria de los demócratas en las últimas elecciones americanas es bien seguro que se van a producir cambios en la estrategia de Estados Unidos con respecto la lucha y a la preparación contra el cambio climático. En principio, se producirán cambios en la estrategia y en el personal ocupado de las relaciones de Estados Unidos con el resto de países e instituciones internacionales. Todo ello requerirá que todas las agregadurías comerciales de los consulados y embajadas políticas estadounidenses se modifiquen y se ajusten al nuevo entramado político creado en USA tras las elecciones.

Estos cambios afectarán al establecimiento de las relaciones que se consideren oportunas y a la manera de cómo se abordarán, en adelante, los temas y conflictos, nuevos y viejos, los nuevos contactos entre países y las relaciones propias de los gobiernos. ¿Qué podría significar esto para el resto de los países? En principio diré que no se puede generalizar porque cada situación requerirá su propio análisis. Sin embargo, la superación de atascos en las negociaciones a las que hasta ahora Washington se ha mantenido contrario, como es el caso de todo lo relacionado con el Cambio Climático o con el cumplimiento del Protocolo de Kyoto, podrán empezar a superarse.

Lo mismo podría pasar con la filosofía con la que se regulan los procesos de acuerdo internacionales. Todo cambiará hacia mejor y podremos ver claramente la oscilación que experimentará el péndulo de la política americana al girar del lado republicano al lado demócrata. En muchos casos, como podrá ocurrir con el tema de la energía, el cambio de estrategia se traducirá en una conmutación de la actual estrategia ofensiva “bushiana” tratando de obtener ventajas legislativas para el sector petrolero que protege Bush -a una estrategia defensiva- tratando de bloquear en el Congreso iniciativas que representen un cambio desventajoso para las industrias petroleras. El tema de Irak, aunque no la propia solución del conflicto, estará muy condicionado por el peso de los lobbies petrolero y armamentístico.<

Aunque las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Europa no vayan a modificarse de manera considerable, sí es cierto que se verán transformadas en algunas pocas pero decisivas áreas entre las que se incluyen los temas de la energía y del cambio climático. Es decir, el debate sobre el calentamiento global y los acuerdos post Kyoto; de igual modo, la seguridad de suministro de petróleo y gas natural y las eventualmente nuevas y rupturistas apuestas sobre la promoción e impulso a las energías alternativas, como son las energías renovables y las que tienen como base el hidrógeno. Sobre el comercio bilateral, la pregunta clave es saber si habrá voluntad política suficiente como para concluir con la Ronda Doha.

Por de pronto, gracias a la recién lograda mayoría demócrata, en Estados Unidos, país principal opositor al Protocolo de Kyoto, se han cambiado todos los presidentes de los diferentes comisiones del Congreso y ellos tienen una influencia significativa en el debate de la política. No en vano todas las políticas relacionadas los impuestos, las finanzas y la energía se debaten en dichas comisiones. Creo que iremos a mejor.

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