Los desajustes esperados

Las previsiones mundiales de energía publicadas el 5 de septiembre por el Consejo Mundial de la Energía Eólica, GWEC, la asociación comercial de la industria eólica mundial, pronostican un serio desajuste entre la demanda y el suministro que podría verse evidente poco después del 2010.
El informe titulado “Plugging the Gap” —que muy bien podríamos traducir por “tapando el agujero”— considera que el déficit de suministro en petróleo y gas natural podría alcanzar el 10%, hacia 2020, y que este valor llegaría a ser más del 18% para el año 2030.

Según GWEC, se podría cubrir el déficit energético utilizando además de las energías renovables las energía térmica debida al carbón y la energía nuclear. A su vez, entre las energías renovables, establece que es la energía eólica el mayor recurso de energía ya que no consume hidrocarburos fósiles lo que le permite evitar emisiones de CO2. Además es económico y autóctono, por lo que resulta la mejor opción para cubrir los aumentos de demanda de electricidad.

Al margen del “mix” de energía actual de los diferentes países, tarde o temprano éstos tendrán que optar sobre como establecer el equilibrio entre la energía que generan debida al petróleo, la debida al gas natural, la energía nuclear, la energía debida al carbón y las energías renovables. De cualquier modo, una cosa parece quedar clara: serán necesarias grandes inversiones para satisfacer las demandas de energía.

World Energy Outlook recoge que en las previsiones que realizó el año pasado la AIE considera que sería necesario invertir 17 billones de dólares para lograr satisfacer la demanda de electricidad con que nos encontraremos hacia el año 2030. Esto representaría realizar una inversión de 56 mil millones de dólares cada año, asumiendo que los combustibles fósiles siguen representando más del 80% del “mix” mundial de energía.

Sin embargo, según GWEC, las previsiones del IEA sobre las reservas mundiales de petróleo y de gas natural están claramente sobrevaloradas. Estos análisis prospectivos sobre la energía se basan en hipótesis excesivamente optimistas que considera el US Geological Survey (USGS), y que no coincide para nada con los datos detallados acerca de los descubrimientos reales de petróleo y gas natural realizados en los últimos años y a nivel mundial.

Para el año 2030, España, en general, y las Comunidades Autónomas, en particular, si pretenden ser sostenibles, previamente deberán haber adecuado su sistema de desarrollo al nuevo paradigma energético emergente basado en una economía de bajo consumo de carbono (hidrocarburos fósiles). En consecuencia, el “mix” de energía existente entonces deberá haber ampliado seriamente el porcentaje de la producción y consumo de electricidad e hidrógeno en base a las energías renovables, mejorado en un 40% los niveles de ahorro eficiencia energética con relación a los consumos de hoy en día e introducido una fiscalidad sostenible que haga imposible la vuelta al despilfarro y al consumismo, mejorando, de este modo, nuestros niveles de salud y bienestar, equidad social y de productividad de los recursos.

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