¿Será China un ejemplo sostenible?

En los últimos 15 años, el espectacular crecimiento económico conocido por China ha alcanzado el 10%. El nivel de vida también se ha elevado espectacularmente y la esperanza de vida media ha pasado de ser de, tan sólo 35 años, cuando los comunistas conquistaron al poder, en 1949, a 72 años, en el año 2004. Sin embargo, los daños ambientales han crecido también de igual manera. Según un informe publicado en un número de la revista “Nature” del 2005, las pérdidas y daños ecológicos de los últimos diez años debidos a la contaminación habían pasado de representar el 7% al 20% del PIB anual.

Los impactos sobre la salud humana habían sido muy severos. Se atribuye a la mala calidad del aire unas 300.000 muertes al año. De las veinte ciudades más contaminadas del mundo, dieciséis se encuentran en China y los niveles de cáncer que hay en tales áreas se sitúan entre los más elevados de todo el mundo. Por ello, resulta muy esperanzador el hecho de que, en junio de 2006, el Ministro para la Construcción chino decretara que todas las ciudades chinas deberían rehabilitar los carriles-bici que habían sido eliminados para dar paso a la circulación de coches exclusivamente.

El objetivo es que China recupere su fama mundial de ser el “reino de las bicicletas”. Desgraciadamente, este empeño no va a resultar fácil lograrlo ya que, casi con seguridad, conocerá una oposición importante por parte de algunos alcaldes. Estos mandatarios locales son cada vez más poderosos en China y para ellos, el coche es el símbolo del éxito económico y político por lo rechazan la bici humilde que durante tantos años tuvieron que utilizar porque no había otro remedio. De eso creo que sabemos un poco los guipuzcoanos, que nos cargamos la red de ferrocarriles que nos legaron nuestros padres.

Actualmente, en Beijing, cada día, más de mil nuevos coches surgen a sus ya populosas calles. Esa es, y no la de la bici, la China del éxito, exclaman enfervorizados los defensores del progreso consumista. A pesar de ello, nadie duda de que estos logros también hayan hecho pagar al pueblo chino un alto precio en materia de deterioro ecológico. Por ello, el 11º Plan Quinquenal recoge un claro mensaje del Primer Ministro Wen Jiabao que, siendo excepcionalmente duro, manifiesta rotundamente que China no puede seguir por el viejo camino que llevaron los países de occidente hacia el desarrollo y donde lo ambiental y lo social se supeditaron siempre a lo económico —”grow first, clean up the environmental mess later” (lo primero es el crecimiento económico, los problemas ambientales vendrán después).

Este modelo de crecimiento es un error que hay que evitar —sostiene el Plan Quinquenal. Es preciso crecer de manera sostenible aunque ello signifique tener que hacerlo más despacio. Así pues, durante los próximos cinco años, los objetivos del gobierno chino incluyen una reducción significativa del 10% del total de emisiones de gases de efecto invernadero, una caída del 20% en el consumo de energía por unidad de PIB y una reducción del 30% del consumo de agua por unidad de valor añadido industrial. También se contempla el desarrollo de un sistema de contabilidad verde (fiscalidad sostenible) y que incluirá los costes externos o externalidades en su cálculo del PIB. ¡Algo que ya me gustaría ver funcionando aquí en Euskadi!

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