La larga transición

En nuestro mundo, diariamente se manifiestan numerosas contradicciones en el actual modelo socioeconómico que se interpretan como síntomas de su agotamiento. Algunas de estas manifestaciones se refieren a la mayor dependencia que tenemos de los hidrocarburos cada vez más caros, al progresivo agotamiento de los combustibles fósiles y de los recursos naturales, al cambio climático ya iniciado, a la inestabilidad de la política internacional, a las secuelas ambientales y sociales, a los conflictos armados por los recursos, etc. Para superar estas contradicciones se entiende que podríamos lograrlo mediante un cambio radical de paradigma en nuestra sociedad. Sin embargo, este cambio radical exige un fuerte liderazgo político, a nivel global que no se da. Esta falta de liderazgo hace que cada vez sean más claras y palpables las señales que evidencian los síntomas de agotamiento del actual modelo socio-económico.

Se trata de un modelo obsoleto que genera importantes externalidades y que, a su vez, son la base de la insostenibilidad que padecemos. Cuando se habla de externalidades, se está haciendo referencia a los efectos externos que sufren una o varias personas por acciones u omisiones de otras. Las externalidades representan el resultado de una actividad que causa beneficios o daños incidentales a terceros, sin que el generador de la externalidad reciba compensación en el caso de los beneficios ni pague resarcimiento en el caso de los daños.

Desde otro enfoque complementario, podemos asentir en que el mercado es eficiente en la asignación de recursos, siempre que éstos tengan asignados correctamente sus costes y precios. Sin embargo existen numerosos casos de distorsiones del sistema que se manifiestan debido a la omisión sistemática de las externalidades negativas generadas por nuestra actividad de consumo y producción, o por la sustracción de recursos naturales sin considerar cuestiones como el ciclo de vida, los derechos de sus legítimos propietarios, etc.

Todos estos casos distorsionan el modelo y las señales que operan en el mercado, sobre todo en precios, lo que conlleva una asignación ineficiente de los recursos por el mercado, tanto entre generaciones, como entre países y ciudadanos tal como se produce actualmente. La mayoría de los Estados miembros de la Europa de los 15, salvo España, Portugal y Grecia afrontan este reto, integral y transversal, desde un efectivo liderazgo de sus dirigentes y que no percibimos en nuestro caso, gestionando el bienestar y no el crecimiento, y recurriendo al intervencionismo, donde la fiscalidad trata de reequilibrar externalidades y enviar señales para gestionar una demanda más sostenible.

El modelo económico globalizado genera un gran desequilibrio económico y social así como un enorme deterioro ambiental. Ante ello las respuestas en conjunto de la amplia mayoría de los países y de las organizaciones supraestatales está siendo escasa y desigual. Aquí asociamos demasiado sostenibilidad con medioambiente, faltando por ello liderazgo institucional y coordinación transversal de políticas de sostenibilidad. Lo positivo es que advertimos un enorme potencial en las empresas, en clave de innovación para la competitividad, si apostamos seria y decididamente por la sostenibilidad.

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