Hombre rico, hombre pobre

En la última década, se sumaron 13,2 millones de desempleadas más en todo el mundo, alcanzando la cifra de 77,9 millones de mujeres en paro, en 2004 y a nivel mundial. Y eso que todavía en muchos países, sobre todo en los países musulmanes, a las mujeres se les considera inactivas ya que su trabajo no remunerado no es otro que el traer hijos al mundo y servir al marido y a la suegra, por lo que no entran en la categoría de desempleadas.

En total, y desde 1995, se sumaron 34,4 millones de personas al ejército de desempleados, especialmente en los países del Sur. Y luego nos quejamos y les ponemos trabas a los quieren emigrar a nuestros prósperos países desarrollados, escapando del hambre y del desempleo. Además, en dichos países, y por culpa de neoliberalismo salvaje que si no aplaudimos tampoco criticamos suficiente —lo que tiene muy poco que ver con el desarrollo sostenible—, casi la mitad de los asalariados apenas gana más de dos dólares al día, al tiempo que casi una quinta parte de estos trabajadores ganan menos de un dólar al día, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En este mundo, donde nada es verdad, ni es mentira y todo depende del color del cristal con que se mira, las percepciones sobre los problemas que afectan a la humanidad son bien diferentes. Para los dirigentes políticos de los países ricos, la inflación es la principal amenaza. Para los dirigentes políticos de los países pobres, la mayor amenaza es el desempleo y la falta de trabajo decente. Mientras, en los organismos de las Naciones Unidas, se critica la falta de una adecuada revisión de las políticas económicas y sociales de acuerdo con las necesidades reales, tanto a nivel nacional como internacional. Todo parece un intencionado y cínico diálogo de sordos. Pero eso sí, las buenas voluntades que no falten aunque se conviertan en palabras que se las lleva el viento y que no valen para nada. ¿De qué nos sirve que los expertos y la comunidad internacional hagan solemnes declaraciones considerando a los servicios sociales y de salud como derechos humanos, si luego ocurre que el 80% de la población mundial vive en la más absoluta inseguridad social?. ¿No sería mejor expulsar de las Naciones Unidas a aquellos países que no respeten mínimamente las libertades y los derechos humanos y penalizar a aquellos que considerándose países democráticos explotan a terceros países, olvidándose de la responsabilidad social?. ¿No sería mejor condenar todo desarrollo económico que no tenga en cuenta las dimensiones social y ambiental del progreso y obligar a que todas las instituciones de índole mundial como la Organización Mundial del Comercio (OMC) actuaran en consecuencia?

Ya conocemos de sobra cómo funciona el capitalismo en su versión neoliberal. ¿Para cuándo se le da el carpetazo por ineficiente?. La mayoría de los expertos en desarrollo llevan mucho tiempo denunciando que el modelo neoliberal de globalización resulta muy perjudicial ya que, aunque impulse el crecimiento económico en muchos países, en general, se ve incapaz de generar empleos decentes ni de aliviar la pobreza y la inseguridad social. En lo que sí es muy eficaz es en hacer que el rico sea cada vez más rico y que el pobre sea cada vez más pobre.

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