La tragedia del desempleo

Aunque a nosotros nos vaya bien el hecho de poder disfrutar de unos altos niveles de ocupación, conviene que sepamos que, por el contrario, la situación mundial del empleo es preocupante. En efecto, el desempleo mundial está batiendo todos los records. Así, un informe de las Naciones Unidas establece que casi unos 200 millones de personas sufrieron desempleo en el año 2005. Se trata de una cifra sin precedentes desde que se lleva registro, según advirtieron algunos expertos en un foro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Lo paradójico es que estos valores del desempleo se conozcan después de que la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Social, celebrada en Copenhague, concluyera que el empleo decente debía ubicarse en el centro de las políticas de desarrollo.

Vivimos en el siglo de la doble moral, de las palabras huecas, de la hipocresía cínica de la que se nutre todo aquello que se considera “políticamente correcto”. Se miente, se engaña constantemente. A todo se llama sostenible pero la cruda realidad es que es más insostenible que nunca. Así, de este modo, las solemnes y grandilocuentes declaraciones políticas que consideraban que el empleo decente debía ubicarse en el centro de las políticas de desarrollo nunca se tradujeron en acciones. Por un lado, se dice que la creación de empleo es clave para luchar contra la pobreza y, por el otro, se aplican políticas en base al neoliberalismo que lo único que hacen es destruir empleo.

En este foro organizado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DAES) de la ONU, realizado los días 8 y 9 del pasado mayo en la sede neoyorquina del foro mundial, también se dijo que se había convertido todo en papel mojado. La crítica se refería a que, nada más y nada menos, se había incumplido por un amplio margen el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio que perseguía, para el año 2015, reducir a la mitad la proporción de la población pobre y hambrienta del mundo. Y tampoco se cumplieron otras metas acordadas a nivel internacional.

Por mucho que avance el feminismo, en muchos países del mundo las mujeres siguen quedando excluidas, por lo que las desigualdades en educación, capacitación e incorporación al mercado laboral subyacen a la inequidad salarial. En los países musulmanes, las mujeres siguen tan excluidas como en la Edad Media, ocupando un papel totalmente secundario en la vida familiar, política social y económica. Por lo visto, los puntos de vista de Mahoma —lo mismo que los del inefable machista San Pablo— son hoy en día tan actuales como en la época en la que se concibieron. ¿Será que por ello sus mensajes son considerados por muchos de sus creyentes como eternos?. El truco es el de siempre. Por un lado, y siempre en nombre de la religión, se alaba el papel de la mujer, sobre todo como madre y esposa —pareciera como que si siendo solteras y divorciadas no valieran un pimiento— y por el otro, se les adjudica un estatus de total sumisión al hombre si es que quieren ser buenas chicas. Ya sabemos que D-os no tiene sexo pero, para muchos creyentes, su sexo debe ser el mismo que el del Papa o el del Ayatolah de turno. Una vez más la estupidez humana cabalga desbocada tras cientos de años después del siglo de las luces. jgabina@swpi.org

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: