Deberíamos ir cuatro pasos por delante

Decía Albert Einstein que al que va un paso por delante de la gente se le considera un genio pero añadía que, paradójicamente, al que ya se adelanta dos pasos se le considera un chalado. Estando así las cosas… ¿Qué podríamos decir de todos aquellos innovadores que necesariamente han de colocarse hasta cuatro pasos por delante de la gente si quieren obtener ventajas competitivas de sus innovaciones?.

Como prospectivista sé muy bien lo que significa andar por delante de la gente y lo que se sufre cuando todos tus análisis son ignorados porque se enfrentan a lo “oficialmente” correcto. Más de uno me habrá escuchado en alguna conferencia hablar hace más de cuatro años sobre la emergente crisis energética debido al encarecimiento de los precios de los combustibles fósiles.

Ningún dirigente con los que me entrevisté, incluido el EVE —Instituto vasco de la energía— me hizo el más mínimo caso y aquí, por lo visto, no ha pasado nada, salvo perder la oportunidad de poder prepararnos durante cinco años y con anticipación ante los precios crecientes del crudo. Todo les sale gratis a nuestros dirigentes.

Han transcurrido ya más de siete años desde que inicié mis trabajos sobre la sostenibilidad aplicando la Prospectiva Estratégica y veo, día a día, cómo seguimos perdiendo un tiempo precioso en nuestras apuestas por garantizar el desarrollo a las próximas generaciones por lo que considero que mucho ha de cambiar nuestro país si queremos salir airosos de la prueba que nos depara el futuro.

De cualquier modo, también sueño con que llegará un tiempo en el que Euskal Herria dedicará a la construcción de su futuro los esfuerzos del presente pues sabrá que su existencia como pueblo, en los difíciles años que nos aguardan, también necesita dotarse de viabilidad económica. Llegará un tiempo en el que destinará tantos recursos y esfuerzos a la innovación en un mundo que, más que representar una época de cambios, vive el cambio de una época, caracterizada por la época del consumo del petróleo barato. Soy muy consciente que la imaginación y la creatividad, son facultades más importantes que el conocimiento. Sin embargo, las tres son necesarias para la innovación.

Sueño también con que llegue un tiempo en el que nuestro país se parezca más a una concentración de mentes creativas que busquen dar salida a su curiosidad, a su capacidad de invención e improvisación, y convierta su natural escepticismo en no dar por sentado que existen soluciones para siempre. Sueño que el vasco del futuro mantenga una creencia, casi insolente, de sentirse capaz de encontrar respuestas mejores y más útiles para cualquier necesidad humana.

Sin embargo soy muy consciente que para que se dé esta filosofía de vida previamente deberemos dar un giro copernicano a nuestras habituales conductas. Sé que aún queda tiempo para que cuando uno se encuentre ante problemas e intente buscar soluciones la pregunta clave sea: ¿Por qué no? La paciencia debe ser una de las virtudes de los prospectivistas.

Por ello sé que, si insistimos sin descanso en ello, algún día llegará, y dedicaremos entonces los esfuerzos y energías a responder con rigor a esta pregunta. El dicho: ‘Siempre se ha hecho así’ y la inquisitoria pregunta: ‘¿Por qué?’ desaparecerán de nuestros hábitos intelectuales para que, frente al declive de nuestra sociedad, la reflexión contraintuitiva tome cuerpo en la búsqueda de soluciones.

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