El mercado necesita señales sostenibles

El sistema de vertebración de nuestra sociedad civil e institucional presenta muchas fallas. Una de ellas es la falta de señales adecuadas en el mercado para que de ellas se beneficien los productos y actividades sostenibles. A nuestra sociedad guipuzcoana le falta también cintura y se constata que existe un déficit importante dentro de una escala intermedia de vertebración de la propia sociedad. Actualmente, entre los políticos y la sociedad apenas existen instituciones intermedias que son las que le dan frescura y agilidad a las sociedades modernas.

El debate sobre el futuro, si es que se da, queda muy limitado y restringido al área de los partidos políticos por lo que queda una visión compartimentada y reducida de lo que debería ser la vertebración social. Como consecuencia más grave de ello está el hecho de nuestra incapacidad de reaccionar, de manera anticipativa, ante los cambios emergentes que se producen a nivel global.

Además, la falta de una cultura propia de anticipación y control por parte de los diferentes actores nos impide reaccionar a tiempo, sobre todo en un contexto en el que la sociedad sólo funciona si existen normas de rango legal que lo posibilitan. Nuestra sociedad es una sociedad donde la innovación está mal vista porque tiene que poner en entredicho lo que “oficialmente” se dice que funciona bien pero que todo el mundo valora que hace tiempo dejaron de hacerlo. Las críticas suelen recogerse de muy mala manera pues se consideran ataques subjetivos en lugar de interpretarlas como elementos de progreso.

Así pues, sin crítica previa quedan pocas opciones para los innovadores que cada vez se ven más expuestos a las dentelladas que les arrojan rabiosamente los rentistas del sistema. De este modo, es hasta muy lógico que lleguemos tarde y mal a la solución de los múltiples problemas que nos acechan. Pero… ¿El futuro debería escribirse también así? Considero que no porque sin innovación sostenible no tendremos nunca futuro. Todo depende de nosotros.

Por otra parte, este déficit social, junto con la falta de señales, o la no percepción de las mismas, nos coloca en una grave posición de desventaja con respecto a otros países, como por ejemplo ocurre con la promoción del consumo sostenible en los ciudadanos. La educación y la formación son necesarias pero no suficientes para alcanzar el objetivo de un consumo sostenible. Además, el consumidor además debe quererlo, por un lado, y debe poder hacerlo por otro. Es por ello necesario acompañarlo de normativa y una política de precios que lo direcciones. Para ese fin resulta básica la internalización de externalidades. En consecuencia, las señales son necesarias para que actúen de tractor de las reformas hacia la sostenibilidad.

En caso contrario, el cambio cultural que se pretende en clave de sostenibilidad será inalcanzable. La fiscalidad es un instrumento básico para la aplicación eficaz y efectiva de las políticas de sostenibilidad. De hecho, en muchos países europeos, el instrumento fiscal se está utilizando como palanca para el cambio, añadiendo mecanismos fiscales como exigencias de políticas ambientales que desarrollan los distintos ámbitos administrativos. Generalmente no tiene un objetivo recaudatorio, sino disuasorio de comportamientos no deseados, apoyándose en normativa y mandando mensajes claros a los agentes intervinientes, permitiendo la internalización de las externalidades que provocan las actividades y que el mercado no está valorando ni considerando como ocurre con el transporte y la energía.

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