Quosque tandem abutere patientia Terrae?

¿Hasta cuándo abusaremos de la paciencia de la Tierra?. Muchas veces nos creemos que cuando hablamos de la modificación del clima estamos hablando sólo del planeta. En realidad, nuestro planeta podría seguir viviendo con un cambio climático tranquilamente. Los que quizás no podríamos hacerlo somos nosotros, los seres humanos. El transporte de mercancías por carretera y el coche son también una de las principales causa del cada vez más difícil cumplimiento con el Protocolo de Kyoto que estamos experimentando sin que nadie se rasgue las vestiduras por ello. Como hacen la inmensa mayoría de los países europeos, se necesitaría aplicar instrumentos fiscales en relación a la movilidad, cargando con impuestos sobre el cambio climático tanto a los carburantes, a la construcción de carreteras como a los vehículos en función de su potencia y destinar estos recursos financieros recaudados al desarrollo del transporte público y sostenible. Sin embargo, no lo hacemos y tampoco ello es por casualidad. Existen demasiados intereses para no frenar al transporte por carretera y para acabar con la construcción de estas infraestructuras como lo hizo Alemania. Todas estas medidas que hace años habrían debido tomarse siguen siendo todavía objeto de estudio y de discusiones entre los Ministerios de Economía y Hacienda y de Medio Ambiente. A nuestro nivel ocurre lo mismo o parecido.

La verdad es que no estamos a la altura de las circunstancias, ni mucho menos. Discutimos como los sabios bizantinos que lo hacían sobre el sexo de los ángeles mientras los turcos escalaban las murallas de Constantinopla. Si no creamos pronto señales en los precios de los carburantes, de las carreteras y de los camiones y coches nuestra credibilidad como país moderno y responsable va a quedar en entredicho. No sé si alguno le importará pero el hecho de que el Estado español quede catalogado entre los Estados miembros de la UE más irresponsables, en lo que se refiere a la lucha contra el cambio climático, no creo que nos beneficie para nada.

Para más colmo de males, el hecho de que el año pasado el número de turismos adquiridos en el Estado español se situara en más de un millón y medio de unidades y, encima, el sector fabricante de automóviles prevé tan sólo una bajada en las ventas de entre la 1% y el 3% para el ejercicio de este año son noticias muy preocupantes. En verdad, estamos jugando con nuestro futuro pero por lo que parece poco importa y, encima, a los gobernantes su alto nivel de irresponsabilidad les sigue saliendo gratis.

Así, seguiremos disfrutando de nuestros coches mientras podamos, hasta que comprendamos que no podemos seguir como hasta ahora. En efecto, empezaremos a comprenderlo todo cuando la movilidad nos afecte al bolsillo. Cuando los precios de la gasolina sean tan altos que ya no podamos dejar de interiorizarlos. Cuando comience a aplicarse la fiscalidad sostenible al coche y al camión y las carreteras y su mantenimiento deban ser, exclusiva y totalmente, sufragadas por los usuarios. Entonces, con gran dolor de atrición, muchos pensarán que mejor sería utilizar el transporte público. Lo malo es que nos encontraremos entonces con una red de ferrocarriles paupérrima cuando no inexistente. Entonces nos lamentaremos.

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