Hasta la construcción es mala y encima cara

La noticia salió hace unos meses. Según Arturo Gonzalo Aizpiri, secretario general para la Prevención de la Contaminación y el Cambio Climático del Gobierno español, una vivienda nueva en España — también aquí Aizpiri nos incluye a los guipuzcoanos— consume el 40% más de energía que otra construida en Francia, debido a que en la Europa del Sur se ha abandonado absolutamente la prioridad del aislamiento y del ahorro energético.

Este hecho es especialmente grave cuando se inicia este año la construcción de 800.000 viviendas. Es decir, que resulta que en un Estado como el español, donde se construyen más viviendas al año que en Francia, Alemania e Italia juntas, las viviendas que se levantan, además de venderlas muy caras, también las construyen para que las inmobiliarias ganen más haciéndolas energéticamente ineficientes.

Como política se pretende aplicar medidas bioclimáticas y exigir certificados energéticos a los nuevos edificios de manera que garanticen una mayor eficiencia. De nuevo nos tropezamos con la tibieza, cuando no el engaño, en la política. Se aparenta que se hace algo para no solucionar, ni de lejos, el problema del cambio climático. No podremos luchar contra el cambio climático en el sector edificación si no atacamos el problema del sector en su globalidad de modo que la aplicación de las medidas afecten también a las viviendas ya construidas. Tampoco haremos mucho, sino todo lo contrario, si construimos viviendas para luego especular con ellas y seguimos dándole sentido al insostenible negocio del ladrillo.

Además, sin contar con una sociedad informada sobre el cambio climático y sus causas nunca nos atreveremos a introducir la necesaria fiscalidad sostenible que haría posible frenar las actividades insostenibles. Se necesita crear señales en el mercado sobre los productos que son sostenibles y para ello, qué mejor que penalizar a todo aquel que despilfarra y premiar a quien ahorra. Por otra parte, existe un estereotipo falso que induce a que los ciudadanos tienden a pensar que el cambio climático es algo que fundamentalmente lo provoca la industria, desconociendo que la principal contribución a los GEIs (gases de efecto invernadero) proviene de las viviendas, de los camiones y automóviles y de los comercios y servicios. Es decir, de los denominados sectores difusos, que son lo que más rápidamente están creciendo.

El sector de la Edificación (residencial + construcción + comercio y servicios) y el sector del Transporte — en especial el transporte de carretera y el transporte aéreo — son los sectores que más están contribuyendo al incremento de las emisiones GEIs que como sabemos han aumentado un 52,88%, en el año 2005, respecto a las cifras de 1990. El Protocolo de Kyoto establece en un 15% el límite de incremento de las emisiones para el Estado español, que ya supera en un 37% lo que marca la ley. Al Estado español la broma le saldrá en más de 15.000 millones de € que tendrá que gastar hasta el 2012 para comprar derechos de emisión, y a los que se estima un valor cercano a los 30€/Tn Los vascos no tendremos mejor suerte que los españoles, Euskal Herria sur tendrá que gastarse casi 1.800 millones de €. Cada vez estamos más alejados de cumplir con Kyoto y esto no ha ocurrido por casualidad.

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