Nuestros bajos niveles de ecoeficiencia

El término ecoeficiencia se refiere a la eficiencia con la que la sociedad emplea sus recursos energéticos, ambientales, naturales y otros como los humanos, los tecnológicos y los financieros para generar calidad de vida. Este concepto también se aplica al desarrollo urbano y a la ordenación del territorio. Además, considerando la magnitud de las emisiones de GEIs que producen las ciudades, tanto el ahorro energético como la eficiencia energética, a nivel urbano, la ecoeficiencia es un desafío tan significativo que requiere una consideración especial. Debido a ello, señalaré que existen aspectos importantes que no se están recogiendo en nuestra ordenación y gestión del territorio y de los recursos. Dicho fallo impide que nuestro planeamiento, ya de partida, pretenda sea eficiente.

Así, no se considera para nada la necesidad de maximizar el ahorro y la eficiencia energética de los edificios. Tampoco se plantea la importancia de lo que significa la reducción de los usos del coche y de las necesidades de movilidad, ni la importancia estratégica que tiene mantener un plan de producción agraria. Se olvida que tras la escalada de los precios del crudo, ha llegado la escalada del precio de las materias primas y que la próxima será la de los alimentos. Necesitamos con urgencia un plan de choque contra dicha eventual subida de los precios como ya lo tienen diversos países europeos.

Nuestra Ordenación del Territorio funciona en sentido contrario pues apenas tiene en cuenta la reducción de los usos del suelo con fines no agrarios. De este modo al sector agrícola se le deja los terrenos cada vez menos productivos en un momento que vamos a necesitar cada vez más de su actividad para poder abastecer parte de nuestros mercados. Tampoco se plantea el uso racional del agua potable y los sistemas de reciclaje y uso separativo que ello conlleva. Si resulta del todo absurdo seguir utilizando agua potable para el lavado, para los inodoros o para lavar los coches, mucho más lo será para un uso industrial.

La reducción y reutilización máxima de los residuos producidos, la producción y consumo de energías renovables, la cogeneración descentralizada (generación eléctrica distribuida) —para convertir a la red eléctrica en una red como la de internet donde sea posible la comunicación entre miles de generadores de energía y miles de consumidores— son también aspecto a tener muy en cuenta en cualquier Ordenación Territorial que queramos que sea sostenible. Lo mismo podríamos decir de las técnicas de aprovechamiento máximo de la energía, de la necesidad de favorecer la relación entre productores y consumidores de energía y de materiales, de la reducción de la cantidad incorporada de material y de energía a los productos (factor 4 equivalente a producir el doble con la mitad de recursos), de la conservación de los ecosistemas y de la reducción del consumo de recursos, que requieren el uso de materiales renovables o reciclados y la selección de materiales, atendiendo a los costes del ciclo de vida, “from cradle to cradle” (diseñarlo de manera que podamos volver a utilizarlo).

Tenemos mucho que planificar bien y de manera sostenible. Esta tarea tenía que haberse hecho hace años ya que ni las DOT, ni los PTP, ni los PTS actuales nos son útiles. Todavía no entiendo cuando hace tres años lo planteé, sus responsables del Gobierno Vasco me contestaron que no veían prioritaria esta tarea.

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