El clima de la pobreza

Según expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la desigualdad y la pobreza están en el centro del problema del hambre. La disparidad económica se propaga cada vez más, permitiendo que el hambre y la malnutrición se conviertan en un problema crónico para los pobres tanto del Sur en desarrollo como del Norte industrializado.

Y es muy probable que la situación empeore a causa del cambio climático y del aumento de la población mundial que según previsiones de las UN llegará a crecer un 50% para el año 2050. Es decir, llegaremos a ser unos 9.000 millones de habitantes. Tan sólo en África, unas 184 millones de personas podrían morir a causa de inundaciones, hambrunas, sequías y conflictos derivados del recalentamiento planetario para fines de este siglo, según un nuevo informe de la organización humanitaria “Christian Aid”, con sede en el Reino Unido.

La mayoría de los científicos atribuyen el cambio climático a la acción humana, en especial a la generación de los llamados gases de efecto invernadero (GEIs) por la quema de combustibles fósiles como el petróleo y sus derivados, el gas natural y el carbón en procesos industriales, de transporte y domésticos. Desde estas perspectivas, el futuro no podemos verlo muy halagüeño sino todo lo contrario. En este sentido, y según nos dicen muchos expertos, los últimos logros en materia de reducción de la pobreza podrían revertirse en las próximas décadas, tal como se recoge el trabajo de análisis titulado: “El clima de la pobreza: hechos, temores y esperanzas” donde se vaticina una grave crisis para la sociedad mundial, caso que nos siga despreocupando dar con las soluciones globales.

Aunque el documento nos presenta un futuro muy desalentador para la raza humana, no puede ser tildado de catastrofista. Al contrario, el grupo de trabajo, introduce elementos de reflexión sobre diversos futuribles que podrían volverse realidad a nada que los países ricos invirtiéramos en ello. El hecho de que las regiones pobres del planeta utilicen las energías renovables para su propio desarrollo es algo que resulta muy factible. No debemos olvidar que, en general, las regiones más pobres están ubicadas en las zonas tropicales. Son países asoleados que podrían contar no sólo con la energía solar. También, en muchos casos, podrían contar la energía debida a la biomasa, eólica, geotérmica y la debida a las olas, entre otras más.

A su vez, se destacan ideas nuevas que nos llenan de esperanza e ilusión. Tal es el caso de la experiencia que se ha desarrollado en diversas aldeas pertenecientes a diez países africanos. Con algo de dinero se pueden adquirir mejores semillas, fertilizantes, recursos de agua que quedan protegidos y redes que impidan el ataque de los mosquitos que contagian la malaria. El resto sale fácil pues sólo es trabajo y cada proyecto es liderado por la propia comunidad local utilizando tecnologías prácticas y que se han demostrado efectivas y a bajo costo. Al final, son cientos de miles de personas las que se han beneficiado del proyecto “Aldeas del Milenio” y ahora pueden producir alimentos suficientes e, incluso, vender los excedentes. Es necesario que la economía asuma que no todo vale. El hombre es primero.

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