También por nuestra culpa

El hecho de que nuestro modelo de planificación del territorio sea insostenible tiene sus consecuencias negativas para con el clima de la Tierra. Es cierto que Euskadi es un ‘épsilon’, en comparación con el resto de las naciones del Planeta. Pero no es menos cierto que tenemos nuestra parte de responsabilidad en la lucha contra el Calentamiento Global y que, a la vista de los resultados debido a nuestras emisiones de GEIs (gases de efecto invernadero), estamos siendo del todo irresponsables e insolidarios con el resto del mundo.

Mucho criticar a Estados Unidos y estamos actuando igual o peor porque encima nos autoengañamos y llamamos sostenible a muchas políticas que no lo son. Llamar política de transporte sostenible a lo que se está haciendo desde el Gobierno Vasco es faltar a la verdad y lo digo con conocimiento de causa porque formé parte de los que elaboraron el plan prospectivo-estratégico para el Transporte Sostenible inicial y puedo afirmar que lo que hicimos y lo que finalmente se ha puesto en marcha casi no se parecen más que en el nombre. Se suprimieron los objetivos estratégicos y sus fechas de cumplimiento. Se descafeinó todo un proyecto sostenible. Ello no debería tener perdón por la próximas generaciones.

Una vez eliminados los compromisos, se redujeron los niveles de apuesta por el transporte sostenible y con ello la eficacia del propio plan. Ello explica lo increíble que resulta el hecho de que todavía no se haya contemplado la recuperación de la red de ferrocarriles que antaño conoció Gipuzkoa, que todavía tardemos tantas horas en desplazarnos de Donosti a Bilbao por tren y que el transporte por carretera siga siendo casi el único y exclusivo modo que utilizamos para el transporte de mercancías. En Gipuzkoa, la situación se agrava porque, salvo escasas líneas de trenes de cercanías que funcionan, el resto del territorio se ha de comunicar por carretera.

Así pues, sin planificación territorial sostenible, sin edificación sostenible y sin transporte sostenible es normal que nuestras emisiones se hayan situado en un 45% por encima de los niveles de 1990. No cumplimos con Kyoto y, de seguir como hasta ahora, mucho menos cumpliremos con el recrudecimiento de las exigencias que se esperan tras el año 2012.

El Protocolo de Kyoto, que obliga a las naciones industrializadas a reducir sus emisiones de gases invernadero, entre 2008 y 2012, en un 5% anual respecto de sus emisiones de 1990, fue tan sólo un primer paso. Hoy en día, se es consciente de que se trata de un paso muy pequeño, a tenor de las grandes reducciones de emisiones de GEIs que se necesitan para evitar el Cambio Climático. Las investigaciones recientes demuestran que el impacto sobre el Cambio Climático es más rápido y profundo de lo que se pronosticaba. Fotos tomadas el año pasado desde satélites revelaron que el hielo del Ártico se redujo en un 20% respecto de 1978.

La cantidad actual de CO2 en la atmósfera es un 31% más elevada que cualquier máxima registrada previamente, considerando los últimos 650.000 años. El derretimiento de millones de kilómetros cuadrados de hielos permanentes liberará miles de millones de toneladas de metano que es un gas invernadero 20 veces más potente que el dióxido de carbono. Estos datos nos sugieren que los peores escenarios, que plantean una nueva glaciación para el hemisferio norte, pueden llegar a ser los escenarios más probables, a menos que se dé una drástica actuación mundial concertada que pretenda la reducción del 80-90% de las emisiones de GEIs.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: