Reinventando la economía

China nos está enseñando que necesitamos un nuevo modelo socioeconómico que persiga la Sostenibilidad. Tenemos que dar un giro copernicano a nuestro actual desarrollo. Necesitamos un nuevo modelo que no se base en el consumo de combustibles fósiles sino en fuentes de energía renovables que incluyen la energía eólica, la hidráulica, la geotérmica, la solar, la mareomotriz, la producida por las olas y los biocombustibles.

Necesitamos ahorrar y ser eficientes al máximo en el uso de la energía. Por eso, las acciones que posibilitan el transporte sostenible, como alternativa al transporte por carretera, así como las que impulsan la edificación sostenible son tareas a emprender de manera inmediata aunque ello entrañe modificar mucho nuestros hábitos y costumbres consumistas. Esta nueva economía demanda la reutilización y el reciclaje masivo de materiales de todas clases, así como reducir significativamente la producción de basuras.

Se trata de una oportunidad para la innovación sostenible ya que podríamos trabajar desde ahora en el diseño de procesos y de productos industriales que supongan cero emisiones y cero producción de desperdicios y basuras. La clave está en sacar el máximo partido de lo que supondría para nuestra actividad y nuestra competitividad la mejora en la productividad de los recursos.

En Euskadi, al igual que en Gipuzkoa, apenas contamos con recursos naturales. Lo que hace que el Desarrollo Sostenible sea una respuesta más obligada todavía para Gipuzkoa.Se trata también de caminar hacia una economía de bajo consumo de carbono y para hacer que ello sea posible tenemos muchas actividades a las que tenemos que decir basta. Un ejemplo de ello es el caso de la edificación. No podemos seguir construyendo viviendas para que luego sean alimento de la especulación cuando sabemos que el área de la edificación que integra el sector residencial y de servicios, así como la construcción de viviendas, tiene un innegable impacto ambiental en Euskadi, como bien reflejan las preocupantes cifras que deja a su paso.

En efecto, el 40% de las emisiones de CO2, el 35% de la producción de residuos, el 60% del consumo de materias primas y la mitad de agua potable que se consume en Euskadi se debe al área de la edificación, al tiempo que genera también una significativa destrucción de suelo. Así pues, por mucho que hablemos de edificación sostenible, si construimos por encima de las necesidades reales estaremos haciendo un flaco favor a la Sostenibilidad.

La demografía de Euskadi se encuentra estancada, con tendencia a la disminución. Por mucho que se vaya reduciendo el tamaño familiar, una vivienda para cada individuo nunca podrá ser sostenible. Lo mismo que tampoco lo es un coche por persona. El Desarrollo Sostenible conlleva la gestión de la demanda. No se debe caer en la trampa de la satisfacción de la demanda porque encubre grandes dosis de especulación que impiden mejorar la productividad de los recursos. Por ello, cuando se plantea que, en la próxima década, se construirán en la Comunidad Autónoma del País Vasco, entre 100.000 y 125.000, nuevas viviendas, con una ocupación de unos 50 millones de m2 de suelo, y teniendo en cuenta que existen más de 100.000 viviendas vacías en la actualidad, algo me dice que las cuentas de la pregonada Sostenibilidad no salen por ninguna parte.

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