Puedo porque quiero poder

Desde otro enfoque complementario, se define el Desarrollo Sostenible como aquel proceso dinámico que permite a todas las personas y a todas las naciones desarrollar su potencial y mejorar su calidad de vida, de modo que, al mismo tiempo, se protejan y mejoren los sistemas que sustentan la vida en la Tierra. Por consiguiente, es importante reducir a la mínima expresión el daño o deterioro que hemos causado y que seguimos causando al Planeta Tierra. Sin embargo, ¿Cómo hacerlo si no contamos de partida con una verdadera convicción moral y un fuerte compromiso de nuestras sociedades lo que se traduce en una falta de apoyo efectivo y eficaz a nivel político? Para lograr una verdadera convicción moral y un fuerte compromiso necesitamos previamente conocer lo que está ocurriendo. Sin conocimiento es difícil el compromiso. Después vendrá el problema de la voluntad de enfrentarnos a los grandes desafíos que nos plantea el Desarrollo Sostenible con todas sus consecuencias.

A lo largo de nuestra propia vida, todos nos hemos tenido que enfrentar, más de una vez, a una multitud de cuestiones e interrogantes que formaban también parte de nuestro futuro. Así lo hicimos cuando optamos por una carrera para estudiar, elegimos el lugar de trabajo y adecuamos nuestra residencia, nos casamos, decidimos tener hijos, etc. Por lo tanto, enfrentarnos al futuro, a aquello que tiene trascendencia, no debería ser algo nuevo para nosotros. Sin embargo, cuando pasamos del plano individual o familiar, cuando nos situamos en el nivel de nuestro país, los desafíos que se nos imponen, si éstos son grandes, sentimos que nos desalientan; cuando nos situamos a escala mundial, consideramos ya que estos desafíos son tan inmensos que comenzamos a considerarlos insuperables. Sin querer, caemos fácilmente bajo el yugo del determinismo y nos olvidamos de que podemos ejercer nuestra libertad y evitar que suframos ese futuro no deseable.

Para nuestra desgracia, nuestros actuales retos o desafíos importantes han adquirido una dimensión mundial. En cierto modo son como una especie de pesadilla, como una compleja telaraña de cuestiones que amenazan muchas de nuestras convicciones sobre el modo en que vivimos aquí y ahora, en el que teniendo más capacidades que nunca antes en la historia de la humanidad, nos sentimos profundamente insatisfechos y , lo que es peor, incapaces de modificar nuestro actual “modus vivendi”.

Afrontamos repetidas advertencias sobre la grave degradación ambiental que nuestro desarrollo insostenible está ocasionando. Nos asustamos ante esas horribles predicciones que dicen los expertos acerca del Cambio Climático, y nos convertimos en testigos mediáticos u ocasionales de las catástrofes naturales que se van sucediendo. Contemplamos impotentes cómo cada vez es mayor el desfase o desequilibrio entre los países ricos y los países pobres (entre los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo), así como entre las capas de población desfavorecidas y las más pudientes de los países, teniendo información de grandes flujos migratorios, en muchos casos en condiciones infrahumanas. Asistimos atónitos y perplejos a un creciente y sostenido aumento de los precios del petróleo y del gas natural, a causa de una escasez de abastecimientos que intuimos es la base de guerras y despliegues geoestratégicos de las potencias militares y políticas. No sabemos qué hacer. Pero aún no somos conscientes de que estamos haciendo muchas cosas mal.

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