La miopía humana

La visión a corto plazo es algo inherente a la condición humana que nos hace cometer un gran número de errores. Así, diseñamos la construcción de una casa, una carretera, un puerto, cualquier infraestructura, etc., pensando que lo hacemos para los años próximos. Poco reflexionamos sobre el hecho de que dichas construcciones tendrán un uso y una trascendencia que supere los 50-100 años.

Tal como recoge el 1er Informe de Progreso sobre el Desarrollo Sostenible de Eusko Ikaskuntza – Sociedad de Estudios Vascos, se sabe que nuestro modelo energético actual también necesita fuertes cambios pero preferimos no pensar en ello. Nos confortan aquellos que nos dicen que no debemos preocuparnos pues, cuando sea necesario y el agua nos llegue hasta el cuello, ya vendrán los comodines encargados de la “compra de tiempo” como son el gas natural —cada vez más caro— y las tecnologías que nos dicen que acudirán al rescate aunque estén muy lejos de poder hacerlo y quizás no lo hagan nunca por culpa de un tal Carnot. Es cierto que ambos comodines pueden hacer que los peores momentos se retrasen pero no es menos cierto que pueden inducirnos a un “falso objetivo” abonando tesis continuistas que nos están haciendo perder un tiempo muy valioso y quizás irrepetible.

También se sabe que el sector del transporte es la actividad económica que cara al futuro presentará más problemas de Sostenibilidad. Nuestro actual sistema de transporte, al depender tanto del coche y de los camiones, es del todo insostenible. Se trata de un sistema que sufre una gran adicción al petróleo y que, además, cuenta con una tremenda falta de rigor en su planificación. En una gran medida, esto ocurre debido a la falta de previsión, por el hecho de que no se evalúen los flujos de transporte en los diferentes planes territoriales, ni se exijan legalmente planes de movilidad y, lo que es peor, no se interioricen los límites físicos, ambientales, sociales y económicos a la movilidad.

Todo ello apunta hacia la necesidad de revisión del concepto de modelo territorial actual con la incorporación progresiva de enfoques complementarios que eviten su desarrollo insostenible y despilfarrador de suelo, así como la necesidad de reconvertir el papel de los sectores agroganadero, pesquero y forestal y de adaptar, tanto el urbanismo como la Ordenación del Territorio, a las exigencias que demanda el desarrollo sostenible con el fin de mejorar sensiblemente la productividad de los recursos y de garantizar unas producciones agrícolas mínimas para nuestra sociedad guipuzcoana, en caso de crisis de suministro de alimentos.

Se trata de todo un reto al que inevitablemente hemos de enfrentarnos. Cuanto antes lo hagamos mejor saldremos parados de la prueba de fuego a la que el futuro nos tiene sometidos. No se trata de ninguna visión catastrofista. Se trata de una realidad que atañe al mundo entero y así es constatada por la inmensa mayoría de la comunidad científica mundial y por los países líderes en Desarrollo Sostenible. No estamos hablando, por tanto, de ningún problema exclusivo de Gipuzkoa, estamos hablando de unos desafíos que afectan a toda la humanidad, ya que tienen una dimensión mundial. Tras la escalada de los precios del crudo vendrá la escalada de las materias primas y de los alimentos

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