La grave magnitud del problema

Poco a poco, los albores del siglo XXI nos van haciendo despertar de un sueño que todos nosotros habíamos disfrutado y que pensábamos que sería para siempre. Pensábamos que contábamos con un recurso ilimitado y barato como era la energía. Pensábamos que nuestro Planeta sería capaz de suministrarnos todos los recursos que necesitáramos a lo largo de los siglos y que los ecosistemas que sustentan la vida en la Tierra, a pesar de los residuos, vertidos y emisiones contaminantes debidas a nuestras actividades, eran capaces de auto-regenerarse por sí solos. El hombre era el centro de la creación y la naturaleza y todo lo que representa estaban a nuestro entero servicio para satisfacer nuestras necesidades de progreso y de bienestar.

Pero no sólo fue un sueño nuestro, también lo fue para nuestros padres y nuestros abuelos. El grave problema que tenemos nosotros ahora es qué hacer cuando sabemos que ése ya no será un sueño para nuestros hijos y quizás se convierta en una pesadilla para nuestros nietos.

El Calentamiento Global es el causante del Cambio Climático que hace décadas ya empezamos a sentir y que cada vez se agrava más. También se agrava el incremento progresivo de los precios del petróleo y del gas natural, que nos hacen decir adiós a la energía barata. Ambos eventos han sido los detonantes de este proceso, por ahora incipiente, que nos hace presagiar un futuro no deseable, donde no nos gustaría estar a ninguno de nosotros, a menos de que cambiemos radicalmente nuestro actual modelo de desarrollo.

Desgraciadamente, aunque los síntomas del agotamiento de nuestro actual modelo socioeconómico sean cada vez más claros, en la práctica todavía no los interiorizamos y, lo que es peor, se constata una grave falta de coherencia en nuestras actuaciones que indican que nuestra visión inercial nos está dificultando actuar con sentido común.

Ayudan a ello las señales falsas de los mercados cortoplacistas que nos hacen perder la perspectiva de lo que está sucediendo. También influye el hecho de que un gran freno para el Desarrollo Sostenible coincida con ese falso estereotipo que nos dice que el crecimiento económico es del todo incompatible con la Sostenibilidad. Una economía que depende del crecimiento continuo y confía en la explotación de los recursos no renovables sin establecer ninguna limitación, nunca podrá ser sostenible.

Tampoco lo será cuando la planificación del territorio y sus usos, no lo haga atendiendo al largo plazo. Pensemos tan sólo que el ciclo de vida de las infraestructuras, de los edificios y de los equipamientos superará con creces la era del petróleo y también la del gas natural y saquemos consecuencias. No podemos dejar a la improvisación del momento, en función de las tecnologías existentes, que ellas resuelvan aquellos problemas que acarreamos por nuestra negativa a anticiparnos. No olvidemos que las infraestructuras son un motor pero también pueden ser un freno si no se adecuan a las necesidades futuras.

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