Jaque mate al petróleo

Hace unos dos años, el Instituto RMI de Estados Unidos realizó por encargo del Pentágono una reflexión estratégica en la que, como conclusión principal, consideraba que el petróleo se había convertido en una gran fuente de debilidad tanto para la seguridad nacional como para la economía americana y que, con el paso del tiempo, esta debilidad iría en aumento. En efecto, la volatilidad de los precios de los hidrocarburos fósiles erosionaba la prosperidad de la economía, su vulnerabilidad minaba la seguridad nacional y sus emisiones provocaban el calentamiento global, causa principal del Cambio Climático.

Además, ante el agotamiento progresivo de los hidrocarburos fósiles, la búsqueda por lograr más petróleo y gas natural ocasionaba nuevas rivalidades entre países que resultaban peligrosas y ensuciaban el prestigio y la categoría moral de Estados Unidos. Todo ello conllevaba que los gastos en energía fueran elevando tanto que amenazaba la competitividad de los fabricantes de automóviles y de otros sectores industriales clave de Estados Unidos.

Como conclusión principal se afirmaba que la piedra angular de la siguiente revolución industrial sería, por lo tanto, aquella que diera “jaque mate” al petróleo (“End Oil Game”). Y, sorprendentemente, subrayaba que costaría menos sustituir todo el petróleo que, en la actualidad, consume Estados Unidos que lo que realmente cuesta comprarlo. Los precios actuales del petróleo en el mercado no incluyen el total de los costes reales que inciden sobre la economía, la seguridad nacional y el medio ambiente. Incluso, sin la inclusión de estos costes externos, todavía sería beneficioso sustituir completamente el petróleo, durante las próximas décadas.

La estrategia diseñada por RMI consistía en ahorrar la mitad del petróleo que se consume en Estados Unidos y sustituir la otra mitad por otras alternativas más baratas. En esencia, ello requería dar estos cuatro pasos en los veinte años siguientes:
• Duplicar la eficiencia de los actuales usos del petróleo. Gracias a las últimas tecnologías de eficiencia que ya han sido probadas, se puede duplicar, una vez más, los niveles actuales de eficiencia.
• Aplicar nuevos modelos empresariales y diseñar políticas públicas de apoyo que sean creativas para acelerar la fabricación de vehículos ligeros, camiones pesados y aviones que sean supereficientes. Combinados con plantas de fabricación que fueran más eficientes, estos vehículos eficientes podrían ahorrar hasta el 52% del escenario tendencial (business as usual).
• Desarrollar una importante industria de biocombustibles que suministre el 25% de las necesidades futuras. Sustituir los combustibles fósiles por hidratos de carbono extraídos de las plantas reforzará la economía rural. La convergencia entre la energía, la bioquímica y la cadena de valor de la agricultura permitirá también que los productos petroquímicos se vayan sustituyendo por nuevos tipos de biomateriales versátiles.
• Extender el uso de técnicas de eficiencia ya probadas para ahorrar la mitad del consumo de gas natural proyectado para 2025, y para que parte del gasahorrado se utilice para sustituir al petróleo. La utilización a gran escala de las energías renovables y de las técnicas de conversión del gas natural en hidrógeno permitiría eliminar toda dependencia del petróleo para el año 2025.

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