La anticipación es la clave

Desde otro enfoque complementario, se define el Desarrollo Sostenible como aquel proceso dinámico que permite a todas las personas y a todas las naciones desarrollar su potencial y mejorar su calidad de vida, de modo que, al mismo tiempo, se protejan y mejoren los sistemas que sustentan la vida en la Tierra. Por consiguiente, es importante reducir a la mínima expresión el daño o deterioro que hemos causado y que seguimos causando a nosotros y al Planeta Tierra.

Sin embargo, ¿Cómo hacerlo si no contamos de partida con una verdadera convicción moral y un fuerte compromiso de nuestras sociedades, lo que se traduce en una falta de apoyo a nivel político? Para lograr una verdadera convicción moral y un fuerte compromiso necesitamos previamente conocer lo que está ocurriendo. Sin conocimiento es difícil el compromiso. Después vendrá el problema de la voluntad de enfrentarnos a los grandes desafíos que nos plantea el Desarrollo Sostenible con todas sus consecuencias.

Por otra parte, a lo largo de la historia, los países y las naciones exitosas del mundo han debido adaptar sus políticas económicas, sociales, culturales, ambientales, etc., para responder a los cambios y mutaciones ambientales, energéticas y tecnológicas que les afectaron, tanto en lo que a generación de riqueza y a creación de actividad rentable en clave competitiva se refiere, como al fortalecimiento de sus señas de identidad y a la asunción de su propia soberanía.

Estas adaptaciones han afectado sensiblemente al desarrollo de la ciencia y de la tecnología, al consumo de energía y recursos naturales, a la evolución de los oficios, a la ordenación del territorio, a las características del hábitat, a la movilidad, a la salud, al conocimiento científico, a la productividad de las actividades económicas y, finalmente, a las condiciones de vida y al bienestar social de sus habitantes. Todo ello se ha conseguido gracias a la libertad que tenemos los seres humanos para poder elegir nuestro propio futuro.

El postulado de libertad coincide con la idea de que el futuro no está predeterminado, sino que, por el contrario, el futuro es múltiple y abierto, y que, en gran parte, depende de nosotros. Pero proclamar que el futuro no está predeterminado no es algo gratuito. También exige un fuerte compromiso para impedir que, al final, sean los acontecimientos los que nos arrastren y nos impidan ejercer nuestra libertad.

Significa también afirmar que el futuro, aunque sea esencialmente desconocido, también puede ser conocido al optar por un escenario apuesta, puesto que el hecho de luchar por conseguirlo ya le otorga carta de naturaleza de forma que nos permite convertir a ese futuro por el que luchamos, en la razón de nuestro actuar en el presente. De igual modo, ese futuro por el que luchamos condicionará las prioridades en las innovaciones a introducir en todos los niveles de la Sociedad.

En nuestros días, nos encontramos de nuevo ante una grave encrucijada. Sabemos que nuestro desarrollo económico no sólo nos ha producido la riqueza y el bienestar que hoy disfrutamos, sino que también está ocasionando un profundo deterioro ambiental del Planeta y está afectando gravemente al Cambio Climático. Finalmente, sabemos también que, de seguir funcionando como hasta ahora, hipotecaremos el futuro de nuestros hijos. La cuestión estriba en saber si vamos a ser capaces de dejar de lado nuestros egoísmos y de actuar de manera responsable con las generaciones futuras. La solución ya la conocemos. Se llama Desarrollo Sostenible.

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