Panta rei —πάντα ρει—

En efecto, actualmente, —πάντα ρει— todo está “cambiando” y cuando se aborda el impacto del envejecimiento sobre nuestro sistema de protección social, en particular sobre el futuro de nuestras pensiones de jubilación, lo hacemos pensando esquemas del pasado. Se estudia el efecto que provocarán las deformaciones en la pirámide de edades sobre la relación activos/pasivos con derecho a pensión de jubilación. Se complementa con hipótesis relativas a la evolución del poder adquisitivo, al volumen y estructura de los empleos, los niveles salariales, las cotizaciones a la Seguridad Social…etc. Incluso, se llegan a crear escenarios de entorno en base a hipótesis macroeconómicas tales como: tipos de interés, tasas de inflación, tasas de desempleo, tasas de crecimiento económico, índices de productividad, niveles de renta, de cobertura social, de lucha contra la exclusión, desigualdad de géneros…etc.

Así, aparentemente parece que estos enfoques ayudan y no dudo de que lo hagan como primera aproximación a los problemas derivados del envejecimiento de la población. Sin embargo, habríamos de ser muy cautos con estos enfoques ya que arrojan el riesgo de dificultar la búsqueda de las buenas soluciones ya que mantienen como estereotipos demasiados esquemas obsoletos del pasado. Aplicar las políticas del pasado para construir un futuro sostenible sería como manejar un coche mirando por el retrovisor. Además, ello nos impediría hacernos las buenas preguntas, condición mínimamente necesaria para obtener las buenas respuestas y dar con las soluciones.

Los años venideros, por fuerza habrán de ser diferentes y no podrán sostener su organización social en base a los esquemas del pasado porque las mutaciones tecnológicas, ambientales, económicas, políticas y sociales lo impedirán. De hoy a dentro de veinte años, y mucho más de hoy a dentro de cincuenta años, serán muchas las rupturas que habremos de conocer en nuestra sociedad. Anticiparnos a dichos cambios societarios es una de las tareas de la prospectiva para evitar tener que sufrir nuestro futuro como acostumbramos y, al mismo tiempo, de manera preactiva y proactiva, poder prepararnos con anticipación y/o modificar las reglas de juego de modo que demos con las verdaderas soluciones.

Por ejemplo, ¿Cómo afectarán las Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación tanto al volumen como a los tipos de empleo del futuro?. ¿Cómo podrían afectar a los sistemas de protección social?. ¿Ello no afectaría a la edad de jubilación y a los gastos crecientes de asistencia sanitaria y social si, a su vez, dispusiéramos de un mayor desarrollo en la sociedad vasca del teletrabajo, la telemedicina, la teleasistencia social, etc?.

La necesidad de un análisis prospectivo-estratégico es evidente para luchar contra el fatalismo y el determinismo. Es cierto que las rupturas del sistema se pueden prever con anticipación de modo que ello nos permita prepararnos a tiempo y así poder hacernos dueños de nuestro futuro. Sin embargo, no es un tarea que resulte tan fácil ya que las respuestas innovadoras las encontraremos en la búsqueda de ideas contraintuitivas y en la desconfianza acerca de los estereotipos recibidos. Ello exige un cambio de mentalidad en nosotros y adoptar, a su vez, una actitud y una valentía que nos permita introducir, con todas sus consecuencias, las innovaciones sociales necesarias

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