El negocio del ladrillo

La construcción de viviendas es un negocio que, desde hace años, está resultando muy rentable y lucrativo para el especulador de una vivienda. Se trata de comprar una vivienda, no para vivir en ella, sino para sacar beneficio especulando con su precio. Hasta ahora, con la compra-venta especulativa de pisos se obtenían unos rendimientos del 15-20%, en tan sólo un año. El riesgo que se suele contraer al comprarlo es reducido porque el comprador puede hipotecarlo hasta prácticamente un 100% de su valor. Además, las expectativas de negocio son buenas pues tan pronto como venda este piso a otro comprador que quiera especular también, habrá ganado limpiamente un 10-12% sobre el valor de venta del piso. Por término medio, habrá obtenido unos ingresos adicionales anuales de unos 30.000 €/vivienda.

Todo este negocio se basa tanto en la confianza de que los precios de los pisos irán subiendo indefinidamente como en la difusión interesada de un falso estereotipo relativo a que invertir en la compra de viviendas es la mejor y la manera más segura de rentabilizar los ahorros de muchos guipuzcoanos. Por ahora, el estereotipo funciona, aunque no lo seguirá haciendo por mucho tiempo. Sobre todo cuando estalle la burbuja financiera y sean los últimos especuladores los que se queden con el artefacto inmobiliario en las manos. Y como siempre ocurre, serán estos pequeños especuladores los que más sufran las consecuencias y también los compradores más jóvenes que forzosamente ven obligados a “empufarse” de por vida para poder crear un hogar con su pareja. Los grandes en el negocio, gracias a la información privilegiada de la que disponen, habrán tenido tiempo de traspasar la “patata caliente” a los que menos pueden escaparse de la quema, a los que hayan tenido que comprar esas viviendas, precisamente para no especular sino para vivir en ellas, a costa de hipotecarse durante 40 o 50 largos y penosos años con las entidades financieras.

Además, se trata de un negocio donde ingenuamente quiere ganar todo el mundo. Pero…¿Es ello posible?. Desde los propietarios de los terrenos, hasta los promotores inmobiliarios, pasando por los constructores, entidades financieras y ayuntamientos, todos esperan ganar. Se sabe que siempre habrá un comprador que quiera especular y que al final, se sabe también que serán los jóvenes los que caigan en la trampa. La cuestión es ponerles facilidades crediticias, aunque para ello tengan que vivir hipotecados toda la vida. ¡Todo un ejemplo de solidaridad intergeneracional!.

Ingenuamente, se sostiene desde muchos ayuntamientos que para hacer frente a los altos los precios de la viviendas lo que hay que hacer es construir más. Esta política no ha funcionado y exige una revisión drástica como ya la han realizado con éxito algunos países europeos. Si Gipuzkoa ya cuenta con 30.000 o 40.000 pisos vacíos habrá que crear las medidas fiscales necesarias como para que estas viviendas afloren al mercado de alquiler. De este modo también impediremos la transformación innecesaria de suelo agrícola en urbanizable. No creo que una sociedad tan comunitaria como antaño fue la guipuzcoana deba asentar sus bases de futuro sobre el egoísmo y el cortoplacismo miope que sólo beneficia a los rentistas del sistema obsoleto y castra a nuestros jóvenes, impidiendo a la sociedad futura dotarse de la savia nueva y regeneradora que necesitará. Se trata de pan para hoy y hambre para mañana; un desarrollo del todo insostenible.

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