El fin de la era del petróleo

De igual modo, a lo largo de su siglo y medio de funcionamiento, esta economía del petróleo, además de riqueza, bienestar y crecimiento económico, nos ha dejado secuelas muy negativas. Por una parte, nos ha dejado el gran desequilibrio existente en el reparto de la riqueza en el mundo y, por otra parte, una emisiones crecientes de gases de efecto invernadero (GEIs), dando origen al proceso que se ha definido como Calentamiento Global por la Comunidad Científica. Actualmente, el crecimiento de la demanda de petróleo no puede ser soportado fácilmente por la oferta. Por ello, se ha producido un aumento considerable de los precios del crudo, caracterizados por una alta volatilidad. En los mercados ya se habla de una eventual crisis de suministro donde intervienen otros aspectos más complejos, algunos de índole política, especulativa y de estructura de mercados.

A nivel macroeconómico, y sobre el horizonte del año 2020, las mayores incertidumbres que se presentan son los recursos naturales —en especial, petróleo y gas natural— la demografía, la gobernanza global, la ciencia y tecnología, la seguridad y cohesión social y la economía mundial.

En muchos escenarios de futuro, se contempla el desarrollo tecnológico de China, India y Brasil que, con el surgimiento de un G-20, disputarían la supremacía a Estados Unidos. Este hecho plantea estrategias de desarrollo que incorporan planes de deslocalización de empresas para reducir costes en las empresas y facilitar así el comercio global. Todo ello implica también aumentos significativos de las demandas de petróleo y de gas natural por parte de los países emergentes y, en consecuencia, mayores emisiones de GEIs a la atmósfera.

Si no hubiera límites al crecimiento, para el año 2050, la riqueza de las cinco principales economías emergentes —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS)— superaría a la suma de la riqueza que produjeran entonces Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Alemania y Francia. La locomotora china es probable que sobrepase a Francia en el plazo de un año; a Alemania en cuatro años; alcanzará el nivel de Japón en el año 2015 y el de Estados Unidos en el 2039. Los miembros del G-7 representan hoy alrededor del 44% de la economía mundial, pero sólo representan al 12% de su población. Los BRICS constituyen ahora sólo el 24% de la riqueza mundial, a pesar de que en dichos países vive el 43% de la población mundial, pero crecerán mucho.

Por otra parte, el mundo consume productos y servicios a un ritmo cada vez más insostenible, con resultados graves para el bienestar de los pueblos y del planeta. Nuestro actual modelo de crecimiento se asienta en los aumentos del consumo. De este modo, no es extraño decir que si el modelo occidental se replicara en todos los países en vías de desarrollo, haría falta un planeta tres veces mayor que la Tierra para saciar esta sed consumista.

El consumismo que existe en el mundo, además de implicar un modelo insostenible de crecimiento, nos confirma que la estupidez humana va creciendo peligrosamente. Solamente un 12% de la población mundial, que es la que vive en Norteamérica y en la Europa occidental, es la responsable del 60% del consumo mundial. ¿Qué vamos a hacer para evitar este consumismo tan suicida e irracional?. Aunque muchos se hagan los sordos, están hablando también de nosotros los vascos para responder a los retos que se nos plantean.

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