Y nos surge otra amenaza

Una amenaza que para muchos resultará ser tan preocupante o más que la relativa al Cambio Climático. Se trata de una amenaza que se basa en la constatación de que estamos al final de una época caracterizada por unos precios de la energía baratos y que hace que nuestro actual modelo socioeconómico se encuentre cada vez más agotado. Esta amenaza fundamentalmente se debe a un dato que resulta ser ya un hecho irrefutable. El petróleo se nos acaba. Y lo que es peor, hoy por hoy, si queremos seguir despilfarrando la energía como lo hacemos, no tenemos —y seguramente no la tendremos en varias décadas— alternativa al petróleo.

La economía con base en el petróleo barato, y que no es otra que la que nos ha permitido alcanzar estos altos niveles de desarrollo que, actualmente, algunos países disfrutamos, presenta actualmente claros síntomas de agotamiento. La insostenibilidad del actual modelo también se desprende del hecho de que éste no puede ser extendido ni a través del tiempo (apenas queda petróleo para 3-4 décadas), ni a través del espacio (en términos de huella ecológica, diríamos que si los países más pobres o en vías de desarrollo consumieran como nosotros lo hacemos, necesitaríamos tres planetas como la Tierra para poder generar todo lo que necesitaríamos consumir). Esta huella ecológica o “ecological footprint” también nos indica cuántas hectáreas y cuánto espacio marino se requiere para generar todo lo que consumimos y despilfarramos, tirándolo después a la basura.

En lo que se refiere a Gipuzkoa —un Territorio histórico del País vasco— nuestro “ecological footprint” o huella ecológica es muy preocupante. Cada guipuzcoano provoca una huella ecológica equivalente a cinco campos de fútbol. Es decir, consumimos el triple de los recursos existentes. En otras palabras, que somos un desastre ya que la huella ecológica de Gipuzkoa es tres veces superior a lo que aconseja el desarrollo sostenible y, además, se sitúa por encima incluso de la media de la Comunidad Autónoma de Euskadi.

Las 5,3 hectáreas o cinco campos de fútbol equivalen al espacio correspondiente al área biológicamente productiva de tierra y mar que necesitaríamos tanto para producir los recursos que consumimos como para absorber los residuos que generamos. En conclusión, la huella ecológica que los guipuzcoanos hacemos es tres veces superior a la que, de verdad, nos corresponde. Lo que significa que consumimos más recursos de los que disponemos y que si todos los habitantes del mundo siguieran nuestro estilo de vida se necesitarían al menos tres planetas para poder subsistir.

Dicho de otra manera, y tal como lo subrayó el anterior Consejero de Medio Ambiente, Sabin Intxaurraga: “Estamos viviendo a costa de los habitantes que viven en otras partes del planeta y estamos hipotecando el planeta para las generaciones venideras cuya calidad de vida va a verse mermada en la medida de que nosotros estemos agotando nuestros recursos”. Una seria llamada de atención a quienes impulsan tanto la burbuja inmobiliaria, a pesar de nuestro actual estancamiento demográfico.

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