Todo podría ir a peor

Fuera de Euskadi, y también en España y en la Europa del sur, existe mucha confusión sobre lo que representaría el Cambio Climático. Así, la mayoría de la gente, cuando piensa sobre el Cambio Climático, se imagina aumentos graduales en las temperaturas y nada más. No se imagina que lo que, a pesar del Calentamiento Global, a nosotros nos podría venir una nueva glaciación. De hecho, las probabilidades de que el Episodio relativo a un Cambio Climático Abruto o Rápido se produzca van en aumento.

Por otra parte, hay quienes se atreven a predecir que llegará la tecnología al rescate y que no debemos preocuparnos pues el hombre llegará a dominar el clima de la Tierra. Consideran lo que está ocurriendo como algo normal. Normal es que cada vez existan mayor número de huracanes en el Caribe. Normal es que la sequía afecte cada vez más a los españoles. Normal es que vayan desapareciendo el otoño y la primavera para los vascos. Sin embargo, para muchos no ha pasado inadvertido el hecho de que, durante el mes de noviembre del 2005, hayamos pasado del verano al invierno en tan sólo unos pocos días.

Tampoco lo está siendo el hecho de que, en los últimos diez años, estemos soportando cada vez más olas de frío y de calor. Los datos últimos que tenemos sobre la ralentización de las corrientes de termohalinas del Atlántico han contribuido a tener que tomar más en cuenta los escenarios más pesimistas que nos hablan ya de cambios bruscos en el clima. Durante todo el año 2004, las investigaciones se centraron en analizar las corrientes marinas del Océano Atlántico norte, a bordo de un barco que les llevó hasta latitudes 25º norte. Las conclusiones de dicho estudio, que recogen los cambios encontrados en el sistema circulatorio de las corrientes marinas, están resultando ser muy preocupantes para el futuro de nuestro clima.

Estos cambios implican una reducción de hasta el 50% de la cantidad de agua fría profunda que fluye hacia el sur del Atlántico lo que influirá, a su vez, en que se produzca una reducción en la corriente caliente del Golfo, al reducirse el efecto sifón de la corriente fría del Labrador. Además, los científicos han detectado también un incremento del 50% de la masa de agua que recircula dentro de las regiones subtropicales y que no llega a alcanzar latitudes situadas más al norte. Este hecho significa que cada vez será menor la masa de agua de la corriente del Golfo que bañe nuestras costas.

El enfriamiento de nuestras aguas es una crónica anunciada y así, a la hora de hacer previsiones sobre la evolución más probable de nuestro clima, deberíamos replantearnos como hacer frente a un recrudecimiento de las temperaturas invernales. Obviamente, deducimos que las consecuencias serán mayores para los países del norte de Europa, donde las temperaturas podrían bajar hasta 10ºC en las próximas décadas, debido a que circularía menor cantidad de agua caliente a lo largo de aquellas costas. Pero, para nosotros, los pronósticos tampoco son muy halagüeños. ¿Nos tendremos que acostumbrar a vivir soportando un clima como el de la Provincia de Québec, al este del Canadá?.

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