Cambio Climático: Amenaza real

El clima es el resultado de un sistema circulatorio —océanos y atmósfera— a escala planetaria. El movimiento de la masa de aire que rodea el Planeta sufre la influencia de la radiación solar. Esta masa de aire experimenta un constante intercambio de calor con los océanos, que cuenta con corrientes frías y calientes que se mueven, y con el suelo. Se trata de un equilibrio dinámico muy complejo que viene regulado por una serie de factores cuya influencia apenas hemos empezado a comprender pero que, sin embargo, en función de las mediciones que se están haciendo, tenemos ya la certeza de que estamos alterando estos factores y, lo más probable, de manera irreversible.

Se sabe que las emisiones de los gases de efecto invernadero o GEIs son los principales causantes del Cambio Climático. Los últimos informes sobre las consecuencias del Cambio Climático nos presentan escenarios de futuro que son cada vez más graves y preocupantes. Estos informes revelan que el clima de la Tierra es mucho más sensible a las emisiones antropogénicas (producidas por la acción del hombre) de gases de efecto invernadero, como es el caso del anhídrido carbónico o CO2, que los científicos, previamente, habían creído.

También se prevén unos mayores aumentos de las temperaturas globales del Planeta, lo que viene ocasionando que se derritan los hielos contenidos en los glaciares y en los casquetes polares, en especial, en el hemisferio norte. Este hecho provocará una elevación substancial del nivel del mar, unos siete metros, de manera que las zonas bajas de las ciudades como Barcelona, A Coruña, Bilbao, Valencia, Málaga, Cadiz, entre otras ciudades costeras más, quedarían ampliamente inundadas.

En realidad, los GEIs son seis gases diferentes: CO2, CH4 o metano, N2O u óxido de nitrógeno, los llamados compuestos PFC, los HFC y el hexafluoruro de azufre o SF6. El CO2 es, dentro de los GEIs, el gas que más contribuye al Cambio Climático ya que el volumen de sus emisiones es, con una gran diferencia, muy superior al resto. De forma natural, el CO2 se produce cuando los seres vivos que habitamos el Planeta, después de respirar oxígeno, exhalamos anhídrido carbónico que echamos a la atmósfera.

Todos sabemos también que este anhídrido carbónico, gracias a la fotosíntesis, es recogido y aprovechado por las plantas para su crecimiento, reponiendo así el oxígeno que consumimos con la respiración.

Podríamos decir que hasta los comienzos de la Primera Revolución Industrial, allá por finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, el equilibrio era bueno. Así, el oxígeno consumido y convertido en CO2 era restituido por la acción de las plantas y de este modo los niveles de O2 (oxígeno) y de CO2 en la atmósfera eran prácticamente inalterables.

Nuestro problema comenzó cuando empezamos a producir crecientes emisiones de CO2 a medida que consumíamos más carbón, petróleo y sus derivados (gasolinas, gasóleos, fuel-oil, etc), gas natural y los utilizábamos como carburantes. La deforestación también ha contribuido indirectamente a las emisiones de CO2 ya que bosques que anteriormente contribuían a la absorción de CO2 han sido eliminados. De este modo, es como se explica que sea el CO2 antropogénico o causado por la acción humana el que principalmente contribuya en que se produzca esta alteración del clima que ya hemos iniciado

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