Aprendiendo de los errores del pasado

En el caso de Gipuzkoa —Territorio vasco que conozco muy bien pero que se podría aplicar también a otros territorios— es obvio que en el pasado cometimos un grave error cuando decidimos suprimir la gran mayoría de las infraestructuras ferroviarias que nos comunicaban por tren a los guipuzcoanos, entre los diferentes pueblos y ciudades de Gipuzkoa. Quienes tomaron esta lastimosa y errónea decisión fueron víctimas del cortoplacismo y de los efectos de la moda. Se deslumbraron con el estatus social que ofrecía el coche y con la comodidad y flexibilidad que suponía su uso como medio de transporte.

Por otro lado, la modernidad y el desarrollo de cualquier país se medía también por el número de vehículos que tenía por cada mil habitantes. Desde esta perspectiva, es normal, y hasta en cierto modo comprensible, que se apostara por la carretera. Comparar las prestaciones que ofrecía el vehículo privado con los obsoletos modos de transporte por ferrocarril con que contábamos era un absurdo. Se optó por la carretera y se pueden justificar sus razones. Lo que ya no es tan justificable es que se decidiera suprimir también otros modos de transporte como el ferrocarril. Tras la grave crisis del petróleo que padecimos durante los años 70, no era difícil predecir que el petróleo no dudaría para siempre. Algún día tendría que agotarse y en ello pensaron muchos países que decidieron mantener sus infraestructuras de transporte por ferrocarril. Nosotros no lo hicimos o no escuchamos a los que sí lo hacíamos y así lo estamos pagando ahora.

En efecto, la eliminación de estas infraestructuras fue un error garrafal que hoy en día estamos pagando pues está hipotecándonos nuestro propio proyecto de futuro, máxime cuando ahora hablamos de hacer de Gipuzkoa una ciudad: Gipuzkoa-Hiria. En este sentido, las decisiones del pasado hipotecaron nuestra capacidad de decisión para satisfacer nuestras necesidades de transporte en los años posteriores. Esto es precisamente lo que choca frontalmente y se opone al Desarrollo Sostenible y lo que ya nunca más deberíamos volver a hacer con respecto a las próximas generaciones.

Reconozco que es bueno mirar hacia atrás para sacar lecciones del pasado pero siempre que también lo hagamos sin perder la vista en el futuro y en la construcción del mismo. No debemos olvidar que el futuro es el espacio de tiempo más importante para todos nosotros. Al fin y al cabo, es donde vamos a pasar el resto de nuestros días y donde se dilucidará el éxito o el fracaso de las próximas generaciones, la de nuestros hijos y la de nuestros nietos.

Por consiguiente, si queremos salir airosos de la prueba que nos depara el futuro sostenible que todos anhelamos no hay más remedio que enmendar los graves daños causados, quemando etapas y recuperando tiempos perdidos. Tenemos mucho por hacer y ha de ser cuanto antes. La nueva era emergente exige un transporte público que sea eficiente y no basado exclusivamente en el transporte por carretera. Hoy en día, en Gipuzkoa, todos nuestros esfuerzos y recursos van destinados a las carreteras. ¿Alguien sabe, a ciencia cierta, cuantos coches existirán entonces y cuantos podrán utilizarlas?. No se trata de hacer actos de fe sino de encarar con rigor el futuro. Los hechos nos dicen que, hoy por hoy, no hay, ni habrá en muchos años, alternativa al petróleo y que éste se agota.

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