¿En el pasado fuimos más sostenibles?

En cierto modo sí. Al menos, en lo que al transporte se refiere. Nos desprendimos alegremente de una infraestructura que ahora necesitamos urgentemente. La culpa de ello hay que achacarla a nuestra falta de reflexión y a nuestra incapacidad para comprender el futuro, al que apenas destinamos tiempo y recursos para poder conocerlo.

Así, en general e inconscientemente, nuestra manera de pensar y de hacer las cosas e, incluso, de tomar decisiones acerca de las acciones que diariamente acometemos, se basan en que el futuro forzosamente ha de ser algo parecido a la realidad que vivimos hoy. Así pues, consideramos al futuro como si fuera una prolongación de nuestro pasado y de nuestro presente. Nos cuesta mucho imaginarnos que las circunstancias cambian y que lo que hoy es válido, mañana puede dejar de serlo y llegar a ser todo lo contrario.

Todavía me acuerdo en que, a comienzos de los años 50 —y refiriéndome al País Vasco que es donde nací— Donostia o San Sebastián  contaba con una red de tranvías. Por aquel entonces, se decidió suprimirlos y entraron en funcionamiento los trolebuses para, más tarde, ser sustituidos por los autobuses. Hoy en día, cada vez se habla más de la necesidad de apostar por el transporte público y es cuando se empieza a barajar la idea del metro ligero o del tranvía. De nuevo volvemos a los orígenes pero… ¿Qué hubiera pasado si, en aquellos tiempos, en los que se decidió suprimir el tranvía, hubiéramos pensado en el futuro?. Otras ciudades lo hicieron. Tal es el caso de Zurich y de muchas otras ciudades que conservaron el tranvía y hoy gozan de una infraestructura necesaria para encarar el futuro del transporte sostenible.

Lo mismo podríamos decir acerca de nuestro actual sistema de ferrocarriles. Hoy en día, contamos con una red de ferrocarriles que hasta los búlgaros, si la tuvieran, se avergonzarían de ella. La paradoja es que los vascos, hacia los años 30 del siglo pasado, llegamos a contar con una de las redes de ferrocarriles mejores del mundo. Los más mayores se acordarán del famoso “Leitzaran” que transitaba por el valle del mismo nombre y nos comunicaba a los guipuzcoanos con Iruña o Pamplona. También había otra línea de trenes que nos comunicaba con el Valle del Baztan.

Muchos de vosotros, mayores de veinticinco años, es casi seguro que habréis conocido el también famoso ferrocarril del Urola que, a través de este hermoso valle, nos permitía comunicarnos con Zestoa, Azpeitia, Azkoitia, Urretxu y Zumarraga. Desde Maltzaga partía otro tren que nos conectaba con Vitoria-Gasteiz a través del Valle del Deba y que, en el barrio de San Prudentzio de Bergara, contaba con un ramal que accedía a Oñati. De todas estas infraestructuras de ferrocarril, de ancho de un metro, a los guipuzcoanos sólo nos queda “el Topo” que llega hasta Hendaia, atravesando Pasaia, Errenteria e Irun y “el de los Vascos” que comunica Donostia con Bilbao a través de Lasarte, Usurbil, Orio, Zarautz, Zumaia, Deba, Mendaro, Elgoibar y Eibar para iniciar después su recorrido por Bizkaia hasta la Estación de Atxuri de Bilbao. El tren, de ancho ruso o español, que es el que nos lleva hasta Irun y Madrid y a otras capitales, está casi igual que como lo conocimos. Todavía sufrimos el hecho de que este ancho de vía no coincida con el ancho europeo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: