En términos políticos, una estrategia que favorecería a cualquier país, sería aquella que persiguiera mantener unos niveles altos-medios y estables de crecimiento económico pero sin que hubiera externalidades económicas, sociales y ambientales. Con la mejora la productividad de los recursos, se logra producir más gastando menos recursos, se obtiene un mayor valor económico por cada unidad de producción, logrando que se desacople el crecimiento económico de un consiguiente aumento del consumo de recursos.
En todo plan que pretenda encarar el futuro con éxito —y, obviamente, lo quiera hacer desde un enfoque sostenible— la mejora de la productividad de los recursos debe ser un objetivo prioritario a alcanzar. El mayor problema que tendremos será que, para alcanzar este objetivo, se requerirá aplicar la gestión de la demanda. Es evidente que resulta mucho más cómodo concentrar los esfuerzos en el lado de la oferta —buscando los cambios tecnológicos que mejoran la eficiencia del uso de los recursos— que tener que enfrentarse a crisis profundas, cargadas de graves problemas como los que actualmente padecemos y cuya solución, en una gran medida, se encuentra en el lado de la demanda.
Escrito por Juanjo Gabiña