Se suele decir que las crisis económicas agudizan más las contradicciones entre los pobres y los ricos. En tiempos de crisis, también resaltan más las contradicciones entre los trabajadores que son privilegiados por el sistema y los que no lo son. En nuestro caso, existe una casta de privilegiados que quizás podamos considerarlos de rango menor, pero que, como son tantos, suponen un gran porcentaje del gasto público que, en una gran medida, se despilfarra. Los presupuestos públicos son un recurso que cada vez nos resultará más escaso, si lo malgastamos en aras a mantener los privilegios y prebendas que disfrutan los funcionarios, hasta el punto de impedirnos luego hacer frente a la crisis con eficacia.
En efecto, ahora es cuando más necesitamos invertir en actividades e infraestructuras sostenibles para poder salir airosos de la actual grave crisis económico-financiera. Desgraciadamente, nuestros incapaces y mal asesorados políticos no saben más que tirar del déficit para tapar agujeros, imposibles de cubrir por lo grande y profundo que es el agujero de las deudas contraídas y porque son actividades cuyo ‘leit motiv’ se basa en la avaricia. Es como querer saciar la sed con dos gotas de agua. Si los políticos no se atreven a sanear el sector financiero y la función pública, la solución a la crisis económica será más difícil todavía, por no decir que imposible.
Escrito por Juanjo Gabiña