La concentración de la riqueza y su índole antidemocrática

10 abril, 2011

La larga y prolongada duración de la crisis actual es algo bien evidente para todos. Es una crisis sobre la que los más optimistas opinan que durará cuatro o cinco años más. Pero también podría ser que durara otros quince años más. Se quiera o no, guste o no guste, después de haber transcurrido casi cuatro años desde que se inició la crisis económico-financiera que todavía padecemos —y seguiremos padeciendo mientras continuemos haciendo más de lo mismo— no se puede continuar negando que hemos entrado en una grave depresión económica que, como todas las depresiones económicas, llegará a durar en torno a las dos décadas o más.

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Cuando informar ya no consiste en contar la verdad (y V)

4 abril, 2011

Cuando en Japón hablan de terremotos y de tsunamis, en otros lugares como en Alemania, Reino Unido, Francia y España se preguntan qué pasaría si un avión cayera sobre una central nuclear. ¿Cuántas centrales nucleares soportarían la caída de un avión sobre ellas? ¿En el peor de los casos, cuáles serían los niveles de contaminación radiactiva? ¿A cuantos millones de ciudadanos afectaría? Son datos que, siendo honestos y responsables, se deberían publicar que para los que viven a menos de 80 km de una central nuclear se lo pensaran dos veces.

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Tomas Moro y los rentistas del sistema (y III)

3 octubre, 2010

La Academia siempre ha sido bastante más conservadora de lo que aparenta ser. Sobre todo en tiempos de crisis profunda, cuando los cambios de modelo se revelan como la única salida a crisis, es cuando la Academia se vuelve mucho más reaccionaria y retrograda. Ensimismada y cobarde, se encierra en su propio mundo que lentamente se ha ido transformando en un fin en si mismo, convirtiéndose así en un freno para el obligado cambio de modelo económico.

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Tomas Moro y los rentistas del sistema (II)

29 septiembre, 2010

Por si fuera poco, en tiempos de Thomas More, la incompetencia y la mediocridad que caracterizaban a los monarcas y los príncipes de sus época producía unos efectos tan nefastos y desastrosos en el gobierno de sus reinos que hasta los más tranquilos y confiados vasallos comenzaban a mostrarse temerosos de su suerte.

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