Los políticos se obsesionan con el hecho de que un sistema de comercio de emisiones pudiera ocasionar un aumento significativo de los precios de la energía. También temen que las subvenciones para ayudar a las energías renovables representen un coste importante para los presupuestos públicos o que ambas políticas destruyan puestos de trabajo o lleguen a frenar el crecimiento económico.
Sin embargo, poco temen a la ira de la gente cuando está se sienta traicionada al ver cómo muchas leyes que persiguen la lucha contra el cambio climático, se aprueban de manera que éstas queden supeditadas al servicio e intereses de los más poderosos y en contra del interés general.
Escrito por Juanjo Gabiña