Entre la depresión económica y la salida a la crisis (y III)

Inmersos en la tercera depresión económica mundial como estamos, necesitamos ejemplos que nos señalen hacia donde podríamos enfocar nuestras apuestas de futuro para así poder salir de la crisis con éxito. Subrayaré que todos los ejemplos exitosos que he identificado y analizado se escriben en clave de sostenibilidad, tal como nos ocurre con el siguiente ejemplo acerca del tratamiento, producción y usos del agua dulce en Israel. La productividad de los recursos es un factor clave a la hora de encarar la salida a esta grave crisis repleta de irresponsables y avariciosas burbujas y de fatales e imbéciles apalancamientos financieros. Una depresión económica que estamos y vamos a seguir sufriendo hasta que comprendamos que sólo la economía sostenible nos salvará.

En Israel, un ejemplo de lo que representa la economía sostenible es la alta productividad alcanzada con uno de los recursos básicos para mantener la vida, y que resulta cada vez más escaso en muchos países, como es el agua dulce. En este país para hacer frente a este desafió creciente, se construyó la Planta de Tratamiento y Recuperación de Shafdan. Esta planta de reciclaje de aguas residuales es una de las más grandes del mundo y realiza las siguientes funciones:

  • Tratamiento de aguas residuales generadas por casi 2,3 millones de habitantes pertenecientes a trece municipios situados en el Área Metropolitana de Tel Aviv.
  • Purificación del 30% de las aguas residuales de todo Israel.
  • Suministro de agua residual que ha sido tratada a las zonas desérticas de Israel para fines de irrigación.

Es indudable que Israel ha hecho una apuesta importante por liderar la investigación y desarrollo en el sector de las tecnologías del agua. En efecto, debido a la sequía que todos los años aqueja a los acuíferos de agua dulce, el Gobierno israelí decidió hacer una importante apuesta por el sector del agua. De resultas de esta apuesta, la planta desalinizadora de Ashkelon es, desde que se inauguró en 2005, la mayor planta del mundo, con capacidad para producir 330.000 metros cúbicos de agua potable al día.

La planta desalinizadora de Ashkelon produce el triple de agua dulce que la planta desalinizadora más grande de España y aporta un volumen anual de agua dulce que supone un tercio del agua que consume una ciudad grande como Madrid. Sin embargo, el Gobierno israelí no se conforma con este récord.

Hoy en día, el 90% del agua que consume Israel proviene de más de 1.200 pozos subterráneos distribuidos por todo el país y que alcanzan profundidades de más de un kilómetro y medio y de la única fuente superficial de agua dulce del país, el Lago Kineret o Mar de Galilea (en realidad es un lago), sobre cuyas aguas, caminó Jesús de Nazaret, según el Evangelio de San Mateo.

Pero los problemas ambientales y de abastecimiento que la continua extracción de recursos hídricos está generando en los acuíferos, sobre todo en los últimos años de sequía, ha obligado al Gobierno israelí a invertir casi un 5% de su PIB en I+D+i, materializando así una apuesta firme por la tecnología, donde se incluye también la tecnología aplicada en la desalinización. En la actualidad, esta tecnología aporta el 10% del agua que se consume en el país, pero, en 2012, su aportación supondrá cerca del 30% del total.

En relación con el reciclado de aguas residuales de origen urbano, Israel recicla más del 75% de estas aguas residuales urbanas y, mediante un sistema de distribución que discurre paralelo al del sistema de distribución de agua potable, las conduce a todas las zonas agrícolas para su uso como agua de riego.

De este modo, es como Israel está logrando cubrir sus necesidades de agua de regadío. Israel ha demostrado que es posible encontrar soluciones a la grave escasez de agua que experimentan los países situados en climas áridos y que no están regados por un gran río como el Nilo o el Tigris y el Éufrates.

Como si fuera un singular paisaje, el resultado de esa reutilización de agua se puede observar desde las carreteras y autopistas que discurren por Israel. Y así, en un territorio que cuenta con muchas zonas donde antes predominaba el desierto, hoy en día, casi siempre aparece un paisaje lleno de cultivos y de bosques como si se tratara de una región europea. A su vez, como líneas que segmentan los campos, también podemos observar como discurre todo un circuito de acueductos y tubos de goteo de color morado decorando los hermosos escenarios agrícolas de Israel.

En conclusión, gracias a las tecnologías de ahorro y eficiencia, al reciclaje y a la reutilización del agua, a la mejora artificial de los niveles de pluviometría (en especial, gracias a la extensa repoblación forestal) y a la puesta en marcha de plantas de desalinización, Israel ha conseguido mantener constante el consumo de agua dulce durante los últimos 30 años, a pesar de que la población se multiplicara por 2,5.

El “milagro” de Israel fue lograr que el consumo de agua potable por habitante y día se redujera tanto como para compensar el aumento de demanda debido al mero crecimiento de la población. La tecnología ayudó mucho, pero el sentido de la responsabilidad, el compromiso y la voluntad de los israelíes por reducir el consumo, evitando despilfarros y gastos evitables, pérdidas en la distribución del agua,etc., es verdaderamente paradigmático, máxime cuando este país, en un sector tan estratégico como lo es el agrícola, se auto-abastece casi al 100%.

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