El sistema financiero mundial se tambalea

El euro está muy mal, el yen está muy tocado pero es que el dólar se encuentra en una situación más grave todavía. Durante muchos años, tanto Estados Unidos como Japón y muchos países europeos, han estado gastando bastante más de lo que producían. Con el estallido de la crisis que dio origen a la depresión económica que ahora padecemos, bajaron las aguas de la piscina mundial y entonces pudimos comprobar qué países ni tan siquiera tenían traje de baño para hacer frente a sus deudas.

Estados Unidos es un país que gasta todos los años miles de millones de dólares más de los que genera gracias a su actividad económica y, además, lo hace desde hace unos cuarenta años. Un raquítico 11% de contribución del sector secundario al PIB no dan para más. No sirven para compensar importaciones, ni para soportar déficit presupuestarios y deudas crecientes, tanto públicas como privadas. Para suplir su incapacidad de hacer frente a las cuantiosas deudas que todos los años acumula, utiliza la técnica de imprimir nuevos dólares y lo hace contra ningún tipo de activo.

Es un recurso de mal pagador con el que Estados Unidos pretende arreglar cualquier problema financiero que se le presente. Así es como lo está haciendo con sus reiterados planes de rescate. Podríamos decir que casi todo los rescates financieros se hicieron a costa de darle a la manivela de imprimir billetes de dólar, ‘falseados pero oficiales’, y endeudarse más, hasta el punto de degradar peligrosamente el dólar —todavía la devaluación está siendo muy suave pero ya empieza a incrementarse.

En Japón, está pasando bastante de lo mismo. La crisis energética debida al accidente nuclear de Fukushima que padece este país ha desencadenado una impresionante crisis económica que dejará a Japón una enorme deuda que nunca podrá llegar a cubrirse. Prestar dinero a Japón es como tirar el dinero. Para salvarle de la quiebra soberana, solamente le prestan dinero los países soberanos que cuentan con la manivela de hacer dinero. Los inversores particulares no intervienen en este tipo de operaciones de manifiesta insolvencia.

En Europa, este recurso a la manivela para fabricar dinero es más difícil debido a que el BCE se opone a este tipo de medidas, por miedo a que se desate una espiral inflacionista, lo que significa que, para países como Grecia, Portugal, Irlanda, España, Bélgica e Italia, los rescates financieros les sean más difíciles que en Japón, Reino Unido y Estados Unidos y surjan graves problemas a la hora de la refinanciar la deuda país como ocurrió en Grecia, Irlanda y Portugal.

Este hecho es muy peligroso para la estabilidad del euro ya que, gracias a los perniciosos ludópatas que controlan el mercado financiero mundial, la especulación extiende el potencial de contagio a toda la zona euro, empezando por la quiebra de los codiciosos bancos prestamistas que, de manera del todo irresponsable, prestaron innumerables veces el mismo dinero a clientes poco solventes. Fundamentalmente, estos bancos acreedores están erradicados en Francia y Alemania.

Paradójicamente, mientras que la Unión Europea lucha para que el euro no se devalúe, en Estados Unidos, cada vez es más evidente que se está apostando por lograr que el dólar sea una moneda cada vez más débil. Así se explica que el máximo responsable de la Reserva Federal, Ben Bernanke, haya declarado que el hecho de abandonar el patrón oro, durante la Gran Depresión, ayudó a Estados Unidos a recuperarse económicamente de una manera más rápida que el resto de países desarrollados.

Pero a Bernanke eso le da igual. Lo que le importa es hacer que la economía estadounidense sea más productiva y se desprenda de las deudas consiguiendo que las quitas sean lo mayores posible. Bernanke sabe que Estados Unidos es un país que está quebrado y que nunca podrá devolver la cuantiosa deuda contraída que tiene. Por ello, persigue que el dólar se devalúe. De este modo, se pretende que un dólar devaluado funcione mejor como instrumento de su política monetaria consistente en no pagar nunca las deudas contraídas y empezar de cero contando con una economía más productiva y un tanto autocentrada.

Así pues, se persigue que la economía de Estados Unidos entre lentamente en una irreversible situación de ‘default’ donde las consiguientes quitas serían muy importantes. Al otro lado de la cuerda, sosteniendo el difícil equilibrio de la economía mundial y evitando su desplome, se encuentra hoy la tormentosa zona del euro que padece una agónica deriva hacia el colapso del bloque de diecisiete países que la comprenden. En la zona euro, se mezclan países que han gastado irresponsablemente más de lo que debían con países que han prestado irresponsablemente más de lo que debían.

Es una batalla donde corruptos y corruptores se están poniendo de acuerdo para que sean las clases medias de los países deudores las que paguen los platos rotos de la quiebra país y salga indemne el actor más culpable de la crisis, el pernicioso sector financiero. Se pretende que los ciudadanos de los países endeudados, durante años, paguen un precio muy alto que dejará muy tocado el estado de bienestar de dichos países. Un precio que será imposible que lo satisfagan países como Grecia, Portugal, Irlanda, Italia, Bélgica y España y que plantea una gran revolución social y económica. La suerte del euro está echada y, esta vez, no pintan oros, ni copas, sino bastos y espadas.

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